La operación militar llevada a cabo por los Estados Unidos en Venezuela, que terminara con Nicolás Maduro y su señora presos en Nueva York, ha despertado sentimientos diversos. A la sorpresa por lo fácil que resultó el operativo de captura, que hace pensar en la traición del círculo íntimo del dictador, siguió el estallido de alegría y el festejo en las numerosas colonias venezolanas desperdigadas por el mundo. Alegría, satisfacción, pero sobre todo esperanza en un mañana mejor.
No hay dudas de que Nicolás Maduro era un gobernante ilegítimo que desoyó el mandato popular y que se aferraba al poder merced a un tremendo aparato de seguridad que impidió o reprimió con dureza cualquier reclamo de libertad. Quien niegue esta realidad de Venezuela lo hace obnubilado por sus prejuicios ideológicos o en base a una información totalmente distorsionada de lo que allí ocurre.
Las reacciones ante el hollywoodense operativo militar han respondido en buena medida al posicionamiento político de cada uno. Así están los que defienden a Maduro a capa y espada, como lo han hecho siempre con Cuba, Nicaragua y en general con cualquier régimen de izquierda por más dictadura que sea. No fallan. Si es de izquierda, es bueno. Es realmente triste ver a los autodenominados progresistas que, víctimas de los prejuicios que cultivan en sus entrañas, defienden lo indefendible. Son como la hinchada de un cuadro de fútbol: por peor que juegue, sigue siendo el cuadro de sus amores.
En el otro polo están los dispuestos a aplaudir cualquier cosa que hagan los “gringos”. Parece que llevan en su ADN la nordomanía de la que hablaba Rodó, y colocan siempre a Estados Unidos del lado bueno de la historia. Aunque ello signifique apoyar cualquier barbaridad perpetrada a lo largo y ancho del planeta. Algunos de los que salieron a aplaudir entendieron conveniente matizar su euforia expresando que “no es buena una intervención extranjera, pero no había más remedio” o “reafirmamos nuestro respeto a la autodeterminación de los pueblos”, etc.
Justamente, uno de los pilares del ideario artiguista, que siempre hemos reivindicado, es el respeto a la autodeterminación de los pueblos. El cerno de la lucha de Artigas hace dos siglos fue la defensa de la “soberanía particular de los pueblos”. Resulta paradójico ver invocar ese principio artiguista para el caso de Venezuela por parte de quienes no han dudado en recurrir a organismos internacionales o potencias extranjeras para hacer prevalecer en Uruguay sus ideas políticas, llegando a equiparar a nuestra Constitución, votada por los uruguayos, con normas internacionales, que el pueblo no votó, muchas veces alejadas de nuestra realidad. Para Venezuela vale lo que, según ellos, decidieron los venezolanos; para Uruguay, importa poco lo que votaron los uruguayos, ya sea al aprobar la Constitución de la República o al ser consultados en plebiscitos o referéndums. Autodeterminación de los pueblos sí, cuando les conviene…
Nosotros, siguiendo el ideario artiguista y la tradicional postura diplomática uruguaya, somos firmes defensores de la autodeterminación de los pueblos.
En el caso de Venezuela estamos ante una situación muy singular, digamos ante una suerte de oxímoron político: se viola la soberanía de un país y merced a ello puede llegar a respetarse la voluntad de su pueblo.
Claramente se viola la soberanía de una nación cuando se la interviene militarmente, se la bombardea y se le secuestra a su gobernante. Ahora, cuando ese mismo gobernante es ilegítimo, desconoce el mandato popular en las urnas, ejerce una férrea dictadura que lleva a miles de sus compatriotas a la cárcel y provoca el exilio de millones, no hay dudas de que hace rato violó la autodeterminación de su pueblo.
No defendemos la intervención militar en ningún país, mucho menos cuando ella proviene de una potencia avasallante que hace pocas semanas, en un documento referido a su seguridad nacional, nos recordó que no somos más que su patio trasero. Nos está diciendo en la cara que cuando se le antoje hará con nosotros lo que quiera. Sería entonces no solo de cipayo y antiartiguista, sino también potencialmente suicida, aplaudir su intervención violenta en otro país de la región. Máxime cuando no están muy claras sus verdaderas intenciones. Pero en la vida de los pueblos manda la realidad, y esta dice que Nicolás Maduro y su régimen jamás iban a dar el paso al costado, por más mayorías populares en su contra que se levantasen. ¿A eso deberíamos habernos resignado? Para contestar esa pregunta hay que consultar al propio pueblo venezolano. Si en julio de 2024 votó abrumadoramente para que se fuera Maduro, es lógico suponer que hoy esa mayoría se mantiene. Entonces, no queda otra que tragarse este sapo intervencionista y mirar el bien mayor.
Algunos referentes de la izquierda vernácula, que no pueden asimilar el golpe y persisten en defender a un dictador y su régimen, centran sus baterías en el rechazo a la invasión de corte imperial y comparan con lo vivido en Uruguay donde, según ellos, la dictadura se terminó por la lucha de los propios uruguayos, sin necesidad de una intervención extranjera. No fue tan así. Por más que le hablen a un público que no vivió aquella época, hay que decir la verdad. Y la verdad es que la dictadura en Uruguay se terminó, por un lado, por la presión de los mismos Estados Unidos y organismos internacionales por ellos manejados. Y por otro lado por la propia voluntad de los militares que nunca tuvieron la intención de eternizarse en el poder. Llegaron incluso a destituir al presidente que les propuso desterrar a los partidos políticos. No es este el caso de Venezuela.
Si bien es cierto que la mera caída de Maduro no genera los cambios que todos anhelamos, que aún siguen los personajes del chavismo aferrados al poder y que lo que venga puede ser tan o más corrupto y entreguista que lo que se va, ahora hay reales posibilidades, que hasta hace una semana no había, de que los venezolanos recuperen la libertad y vivan en una auténtica democracia. En definitiva, eso es lo que más importa…
TE PUEDE INTERESAR:




















































