El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra incoherencia, entre otras acepciones similares, como “cosa que carece de la debida conexión lógica”.
El concepto parece bastante claro, incluso para alguien que sea poco letrado o poco leído, sin embargo, cuando de la definición se pasa a la práctica es que aparecen las susodichas incoherencias. Esto viene a cuento a raíz de algunas expresiones vertidas como consecuencia de lo sucedido en Venezuela el pasado 3 de enero en horas de la madrugada.
En realidad, las expresiones no han sido muchas, no sea cosa de perder algún votito entre el lumpen, tanto material como moral, y da la impresión de que la gran mayoría de nuestros políticos no frentistas no solo están de vacaciones veraniegas, sino que tampoco tienen a mano una laptop o un celular para estar al día ante lo sucedido. Pero bueno, “es lo que hay, valor”, diría un más que conocido locutor futbolístico.
No obstante, algunos se han expresado y entre ellos, por su obvia importancia, el expresidente Dr. Lacalle Pou, quien manifestó su coherencia en torno al tema Maduro por cuanto siempre dijo que era un dictador y que ahora podría comenzar la libertad en Venezuela, lo que es correcto. Así lo dijo en su momento y ni siquiera lo invitó a su investidura, lo que asimismo es correcto. Pero… siempre aparece un pero, seguidamente aclaró que no justificaba la intervención armada. En esencia es así como ha hablado el ex primer mandatario (El País, 4 de enero).
Ahora bien, si la intervención de las tropas especiales de EE.UU. no era justificada, ¿cómo se esperaba que el dictador cayera? ¿Por arte de magia, por designio bíblico, por que un día se despertara pensando que era mejor irse a otro país? No, transcurría el tiempo y nada de eso acontecía. Es más, el propio Dr. Lacalle se pregunta hasta cuándo iba a seguir esta dictadura, lo que también cabe catalogar de correcto. Entonces, ¿cómo son las cosas? Porque la lógica más elemental razona en el sentido de que la persona cae, no cae o la hacen caer, no hay otra opción y ocurrió la tercera. Punto.
Y he aquí de manifiesto uno de los dramas de los liberales, o por lo menos de los liberales à outrance, drama que no tiene solución pues el liberal es también, a su manera, muy dogmático. Y es precisamente ese dogmatismo que lo lleva a embretarse ante situaciones excepcionales de la realidad política y social, pues no siempre las cosas transcurren por vías normales y menos que menos en esta Iberoamérica que sigue siendo tercermundista. ¿Acaso otros mandatarios de la región no fueron mucho más explícitos y aplaudieron lo actuado? ¿Acaso no fueron más coherentes? Por supuesto que sí y muy probablemente es por lo que triunfan.
De todas maneras, algo es algo, hay que decirlo, aunque contrasta mucho con el patético comunicado de su propio partido. el Partido Colorado manifestó lo suyo, algo mejor y del Partido Independiente y de Identidad Soberana, al menos que se sepa, mutis, mientras que el exsenador Manini, por su parte publicó, en su muro de redes sociales una crítica al señor del pájaro por no haber entregado el gobierno luego de las elecciones.
Es todo y tiene gusto a poco.




















































