Las corridas de fin de año y la celebración de la Navidad nos impidieron recordar en el momento adecuado la figura de un auténtico mártir rioplatense: Carlos Alberto Sacheri, vilmente asesinado el 22 de diciembre de 1974. Por eso, como nunca es tarde para recordar a los grandes hombres, hoy vamos a hablar de Sacheri1.
Carlos Alberto Sacheri nació en Buenos Aires el 22 de octubre de 1933. Tomó la primera comunión en 1942 y se vinculó desde muy joven a la Acción Católica en la parroquia del Pilar. Se formó desde los 15 años con el padre Julio Meinvielle, siguiendo cursos sobre la Suma Teológica de santo Tomás de Aquino. Y a través del Prof. Emilio Komar de la Universidad del Salvador, conoció los Cursos de Cultura Católica, que marcaron su concepción de la verdadera universidad.
En 1959 se casó con María Marta Cigorraga, con quien tuvo siete hijos. Fue un padre y esposo ejemplar, catequista y conferencista incansable. En 1961 obtuvo una beca para estudiar en la Universidad Laval, en Quebec. Fue discípulo de Charles de Koninck, filósofo canadiense que reivindicó la primacía del bien común sobre el de la persona individual.
Sacheri se doctoró suma cum laude en filosofía en 1968 y volvió a la Argentina para enseñar y servir a su patria. A su regreso retomó su vínculo con la Acción Católica, se unió a otras varias asociaciones católicas y siguió colaborando con la revista Verbo. Fundó el Instituto de Promoción Social Argentina (IPSA) y organizó cuatro congresos anuales entre 1969 y 1972, que se caracterizaron por ser a la vez, ortodoxos y abiertos al diálogo –académico, religioso y político– en un clima de amistad, sin sectarismos.
Sacheri era tan buen comunicador que todos lo entendían “en su propio idioma”. Fue profesor de la Universidad Católica Argentina, de la Universidad de Buenos Aires y secretario académico del Conicet.
En su momento se incorporó al Movimiento Unificado Nacionalista Argentino y en 1974 impulsó la reactivación de la Sociedad Tomista Argentina, inactiva desde hacía 15 años. En todas estas instituciones dejó fama de hombre culto, cordial, alegre, inteligente y santo.
En el diario La Nueva Provincia fue publicando una serie de artículos que luego dieron lugar a la publicación –póstuma– de su magnífico libro El orden natural.
En su libro La Iglesia clandestina denunció la infiltración marxista en la Iglesia y llamó a los laicos a reconstruir la cristiandad, reafirmando la realeza de Cristo en todas las dimensiones de la vida.
A sus denuncias se sumaron las de algunos sacerdotes y finalmente el Episcopado argentino se manifestó con claridad contra los sacerdotes tercermundistas. En esta época, Sacheri se opuso duramente al gobierno de Isabel Perón y a la influencia de López Rega, desde su recién fundada revista Premisa.
A principios de los 70, la guerrilla (ERP, Montoneros y otros grupos) desplegaba en Argentina un poder y una violencia sin igual, con secuestros, asesinatos, bombas y hasta tomas de cuarteles. A partir de 1973, Perón impulsó un movimiento contra la guerrilla, del cual surgió la Triple A, grupo parapolicial con métodos terroristas similares a los de la izquierda. Sacheri denunció tanto la herejía progresista como la guerrilla marxista, y atacó el liberalismo que originó la reacción comunista. Se alió con sindicalistas y peronistas cristianos y se opuso ferozmente al gobierno de Isabel Perón y López Rega. Así se granjeó numerosos enemigos.
El asesinato se lo atribuyó el Ejército de Liberación del 22 de Agosto a través de un comunicado que contenía burlas sacrílegas, aparentemente en revancha por La Iglesia clandestina. Sin embargo, no está claro si lo mató la guerrilla marxista o la Triple A.
Sacheri era un pensador integral, entendía que la educación y la cultura eran prioritarias. El 22 de diciembre, al volver de misa, en su auto, acompañado por su esposa, sus siete hijos y tres amigos, fue acribillado a balazos. Todos quedaron cubiertos con su sangre. Tenía apenas 41 años.
Su muerte fue una catástrofe para la Argentina y para Hispanoamérica. Porque en estos pagos, la restauración de la cristiandad está necesariamente vinculada a la restauración de la hispanidad.
Sacheri marcó el rumbo. De nosotros depende hacer de sus sueños, una realidad tangible.
1 Este artículo se basa en una semblanza de Carlos Alberto Sacheri escrita por el Prof. Héctor Hernández.



















































