El docente e investigador Bruno Mora dialogó con La Mañana y analizó la complejidad de la violencia en el deporte uruguayo. Explicó que, lejos de centrarse en las barras bravas como suele creerse, el fenómeno se ha diversificado hacia otras formas como la criminalidad y el lavado de activos. Además, alertó que la falta de controles en ámbitos deportivos es uno de los grandes factores que derivan en los episodios violentos. Para mitigar esta problemática, enfatizó en la importancia de la educación y la transparencia financiera de los clubes.
¿Cómo describiría el nivel de violencia en el deporte uruguayo?
Hoy podemos hablar por lo menos de tres formas de violencia en el deporte. La más tradicional es la relación entre barras bravas y seguridad. Hay mucha investigación sobre la seguridad en torno a las mejoras de las condiciones del espectáculo deportivo, o sea, la preocupación histórica de las políticas ha sido cómo hacer buenos espectáculos porque eso tiene cierto rédito para las empresas y para mostrar que se pueden hacer bien. Después hay otro grupo de investigación que tiene que ver con las violencias en el deporte, que son más bien las situaciones de acoso y discriminación que sufren los deportistas, los practicantes, los técnicos, los trabajadores del deporte, y a veces son episodios que tienen que ver con cosas más escondidas, más cotidianas, tanto en la enseñanza del deporte como en los espacios deportivos, en los vestuarios, incluso el consumo problemático de sustancias, la agresividad. Esos también son ejemplos para la sociedad y reproducen ciertas formas de ser. Y luego hay un tercer nivel que es más reciente, que tiene que ver con la criminalidad y el lavado de activos, particularmente relacionados al mercado de sustancias ilegales y cómo ese universo entra en el deporte.
¿Ha habido un aumento de la violencia en ámbitos deportivos en los últimos años o no necesariamente?
Uno no podría decir exactamente que aumentó o empeoró, sino que se diversificó el campo de los estudios sobre violencia en el deporte. Pero también hay que asumir que en Uruguay son muy pocos los casos que hay en términos de muertes. Por ejemplo, muere mucha más gente en dos temporadas de verano por ahogamiento que la que ha muerto en la historia del fútbol uruguayo. Ahora, si hablamos de violencia en el deporte, ahí la cosa cambia porque hay dispositivos más cotidianos, no es solamente el espectáculo deportivo, sino que se ramifican las posibilidades de pensar la violencia en el espacio deportivo.
¿Cuáles son los principales factores que explican que se den estos episodios violentos en espacios deportivos?
Hay dos grandes factores que aparecen en las investigaciones. Uno es el control, es decir, los espacios donde se reproduce más la violencia, en general, son menos controlados. En Uruguay la violencia en el espectáculo es muy poca pensando en la cantidad de partidos que hay por fin de semana, o sea, si a eso le sumamos la formativa, el básquetbol, entre otros, son cientos de miles de personas movilizándose y es ínfima la violencia que hay. Ahora, si nosotros vamos a los hechos de violencia más cotidianos, donde ya no hay control y es un ambiente más familiar, donde la gente tiende a apropiarse de esos lugares y los defiende a capa y espada, y meterse con un jugador o con un dirigente es meterse con la familia, ahí hay algo muy habitual que es ir a defender lo nuestro y no hay muchos controles en esos casos.
El otro gran factor tiene que ver con las formas de ser varón. Por lo menos en los estudios que hay en Argentina y en la región se afirma que los dirigentes de barra son los que más aguantan y el aguante es con el cuerpo, entonces, hay que enfrentarse con el cuerpo así venga la Policía, los rivales. Toda esa idea está nucleada en una forma de ser varón y hegemónica: ser varón, ser hincha o ser barra no es ser mujer, no es ser niño, no es ser homosexual, y por lo tanto esa manera predominante de ser varón, de aguantar, se ha estudiado que es una forma violenta de asumir la participación en el espacio público.
La falta de controles también está asociada a una falta de educación sobre el espacio deportivo, que está pensado como un espacio de disfrute, no de apropiación o para defenderse, entonces, al verlo como un espacio del cual hay que apropiarse, que es mío, lo voy a defender, voy a dejar la vida, ahí los discursos se hacen carne y se empieza a complicar la cosa en la relación mano a mano con gente que piensa diferente, es decir, a no aguantar la diferencia. Eso es algo que va acompañado de los dispositivos de seguridad con los dispositivos educativos.
¿Qué medidas deberían tomarse para mitigar la violencia en el deporte?
Se vienen tomando medidas, tanto operativos de seguridad como medidas de prevención educativas. Las de seguridad están más estudiadas por los propios ministerios, están más desarrolladas y han mejorado año a año. Hay que pensar el deporte como un espacio de cuidado. Y en lo educativo hay mucho para pensar transversalmente en primaria, en secundaria, cómo los estudios educativos, sociales y culturales entran a estos espacios deportivos. Los deportes no son solamente una reproducción de técnicas, tácticas y reglamentos, hay una creencia muy arraigada en el campo de la educación física de que uno puede aprender la regla y por lo tanto va a tener una buena conducta para la sociedad civilizada, y eso es una falacia enorme porque muchos deportistas aprenden reglas y conductas, así como muchos dirigentes, y en el deporte ha habido múltiples violencias, abusos, corrupción, entonces, hay que ponerles otros contenidos a esos dispositivos de enseñanza del deporte.
En una reciente entrevista que brindó junto al sociólogo Gabriel Tenembaum a radio Sarandí, comentaron que hacen falta mayores controles en materia de lavado de activos en los ámbitos deportivos, sobre todo, en los clubes de fútbol, a pesar de la gran cantidad de negocios que existen a su alrededor. ¿Qué reflexión hace al respecto?
Eso es un dato de la realidad. No dicen todas las transacciones que realizan, por ejemplo, los precios de los jugadores. El problema acá no es que el club o la SAD (Sociedad Anónima Deportiva) gane o no, todos queremos que les vaya bien a los jugadores, al deporte, el tema es de dónde salen los recursos, porque si para comprar un jugador se usa plata sucia, ahí tenemos un problema, y ahí entran en juego principalmente los escribanos que hacen ese proceso de lavado en la compraventa. Hay una serie de actores que son cómplices de ese proceso y lo que se está evidenciando es que hay equipos de fútbol que están involucrados porque no relatan todo lo que deberían relatar sobre las transacciones que realizan. La preocupación es que no se reproduzcan las relaciones vinculadas a las drogas ilegales, porque muchos dirían “pero si no hacemos esto, no tenemos dinero; si no lavamos plata o no usamos plata del narcotráfico, no tenemos dinero para sostener el club”. Ahí entra la cuestión de cómo los clubes deportivos se sostienen. Hay políticas pensadas para que los clubes deportivos, no solamente los grandes, sino también los de barrio, mantengan su actividad. Hay modelos de gestión que tendríamos que pensar en cambiar, por ejemplo, en Uruguay solo pueden ser asociaciones civiles y sociedades anónimas. ¿Por qué no puede haber clubes cooperativos, por ejemplo?




















































