Dos caídas consecutivas de nueve puntos sitúan al intendente frenteamplista en un 31% de imagen positiva, mientras la desaprobación crece y supera a la aprobación por primera vez en su gestión. Limpieza y tránsito, los talones de Aquiles.
La gestión de Mario Bergara al frente de la Intendencia de Montevideo enfrenta un invierno político prematuro. Los resultados del último Monitor de Opinión Pública, elaborado por Equipos Consultores y publicado por la comuna, confirman una tendencia alarmante para el seregnista: su aprobación entre los montevideanos volvió a desplomarse nueve puntos porcentuales, ubicándose en un magro 31%. Esta cifra lo acerca peligrosamente al 28% con el que su antecesor, Mauricio Zunino, cerró su breve y criticado paso por la sede comunal.
El declive es vertiginoso. Tras asumir en julio de 2025, Bergara disfrutó de una “luna de miel” con un 49% de aprobación en agosto-setiembre, marcando una distancia de 21 puntos sobre Zunino. Sin embargo, ese respaldo se ha evaporado a un ritmo constante. En octubre cayó a 40%, y en la medición realizada entre noviembre y diciembre –publicada ahora– volvió a hundirse otros nueve puntos, hasta el 31%.
Un escenario dividido en tercios
La radiografía de la opinión pública muestra una ciudad dividida en tres bloques casi perfectos: un 31% aprueba la gestión, un 30% se mantiene en una postura neutral (ni aprueba ni desaprueba) y un 33% la desaprueba activamente. Este último dato, aunque por un margen leve (2 puntos), supera por primera vez en la era Bergara a la aprobación, replicando un fenómeno que lastró a intendentes como Ana Olivera y a la segunda mitad de los mandatos de Carolina Cosse y el propio Zunino.
El deterioro es cuantitativo y cualitativo. El “saldo neto” (aprobación menos desaprobación), que en octubre arrojaba un positivo de 17 puntos, ahora marca un territorio negativo de -2 puntos. Esto significa que el incremento de casi 10 puntos en desaprobación (del 23% al 33%) ha sido más contundente que la caída en la imagen positiva.
La sangría en ambos lados del espectro político
El análisis por filiación electoral del último comicio nacional revela que el desgaste es transversal, pero especialmente severo en la oposición. Entre los votantes del Frente Amplio, la aprobación de Bergara cayó 10 puntos (del 53% al 43%), mientras la desaprobación se mantuvo estable en un bajo 15-16%.
El terremoto, no obstante, ocurrió entre los votantes de la Coalición Republicana. En octubre, Bergara lograba un sorprendente empate técnico (29% aprobación vs. 32% desaprobación) en este segmento. Tres meses después, la aprobación se derrumbó a un 16%, y la desaprobación se disparó a un contundente 71%, indicando una pérdida casi total del apoyo crossover que pudo haber tenido inicialmente.
Limpieza y Tránsito: el círculo vicioso
Más allá de la figura del intendente, la evaluación del funcionamiento general de la Intendencia también empeoró: la aprobación bajó del 39% al 32% y la desaprobación subió del 34% al 42%.
En las áreas sensibles, el retroceso es marcado. La limpieza, que había mostrado una leve mejora en octubre, volvió a caer: solo un 20% la aprueba, mientras el 58% la desaprueba, regresando a los pésimos niveles del inicio de la gestión. El tránsito presenta el cuadro más crítico: con una aprobación que se hunde al 17% y una desaprobación que alcanza el 60%, confirma ser uno de los problemas endémicos que ninguna administración logra resolver y que castiga severamente la imagen de quien gobierna.
Luces en medio del panorama gris
El informe no es una condena uniforme. Los montevideanos continúan valorando positivamente áreas tradicionalmente bien gestionadas por la comuna. El estado de los espacios públicos lidera el ranking con un 64% de aprobación, seguido por las acciones culturales (59%), el saneamiento (54%), la iluminación (53%) y el transporte público (48%). Estos servicios constituyen el ancla de popularidad que, por ahora, evita un naufragio mayor.
Con menos de seis meses en el cargo, Mario Bergara enfrenta una crisis de legitimidad acelerada. La pérdida de 18 puntos de aprobación en dos mediciones consecutivas sugiere que el “efecto novedad” se agotó rápidamente y que problemas estructurales de la capital —junto a posibles dificultades en la comunicación o la ejecución de obras— están pasando factura. El desafío ahora no es solo revertir números, sino detener la hemorragia de confianza, especialmente en los servicios más visibles y criticados, antes de que su gestión quede estigmatizada por la sombra de los peores registros de sus predecesores. El reloj político de Montevideo corre, y su tic-tac suena cada vez más fuerte para el intendente.
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