La economía uruguaya mostró un bajo dinamismo en 2025, con un crecimiento cercano al 2%, aunque con un desempeño destacado del sector primario y una inflación que se mantuvo por debajo de la meta, según el análisis de Luciano Magnífico, economista y máster en Política Macroeconómica y Mercados Financieros. En conversación con La Mañana, el especialista señaló los desafíos para el año que comienza y remarcó la necesidad de llevar a cabo determinadas reformas estructurales con el fin de potenciar el crecimiento.
¿Cómo describiría la evolución de la economía uruguaya a lo largo de 2025?
Fue un año de escaso dinamismo en la economía, especialmente en los últimos meses. Estimamos que la economía acumuló un crecimiento de 2% en el promedio de 2025, pero la mitad obedece exclusivamente al efecto arrastre de la expansión del segundo semestre del 2024. Varios sectores están operando con variaciones menores a +/- 1% respecto a los niveles de 2024.
Como destaque positivo, fue un año de muy buenos resultados para el sector primario, con producción récord en varios cultivos de verano y muy buen desempeño del sector cárnico. Desde el punto de vista de la demanda, eso derivó también en un aumento de las exportaciones de carne bovina, soja y productos lácteos.
En materia de precios, la inflación mostró una moderación adicional y acumula cuatro meses consecutivos por debajo de la meta puntual de 4,5%. Esto recogió en buena medida una caída en el valor del dólar que fue inesperada respecto a lo que se proyectaba cuando arrancó el año, pero que estuvo en línea con tendencias globales.
Por último, el 2025 siguió siendo un año de persistencia de dos debilidades macroeconómicas importantes: Uruguay mantuvo niveles de déficit fiscal elevados y permaneció muy caro frente al resto del mundo.
¿Ha observado señales de cambio en la estrategia económica del actual gobierno en relación con el período anterior?
A nuestro juicio y como ha venido sucediendo en los últimos tiempos, la nueva administración mantuvo las principales líneas de política económica que ya venían de períodos anteriores, aunque también introdujo su impronta en otros aspectos. En particular, consideramos que fue un acierto explicitar un objetivo puntual de inflación en 4,5%, por oposición a un rango. Eso favorece la coordinación entre los distintos frentes de la política económica y debería ayudar al anclaje de expectativas. También consideramos que fue un acierto avanzar en la desindexación de las pautas salariales. Por otro lado, observamos favorablemente la explicitación de un objetivo de “desempapelamiento” en la agenda del quinquenio y también el énfasis en los objetivos de avanzar en una mejor inserción internacional.
El 2026 tiene que ser un año de avance sustantivo en esa dirección, así como en otras medidas que procuren promover la inversión y la productividad. En 2025 el foco estuvo en el armado del presupuesto, pero para 2026 esperaríamos ver una agenda más nutrida.
En Exante también pensamos que la administración tomó algunos riesgos en este primer año, como puede ser la reapertura de la discusión sobre la reforma previsional o el diseño de un ajuste del déficit fiscal gradualista y basado totalmente en un aumento de los ingresos públicos.
¿Qué tan realistas considera las proyecciones macroeconómicas del Presupuesto Nacional?
En Exante venimos trabajando desde hace varios meses con una proyección de crecimiento del PIB de alrededor de 2% para el 2025 y del orden de 1,5% para el promedio del 2026. Ese pronóstico está por debajo del que incluyó el gobierno en el Presupuesto, que apuntaba a una expansión de 2,6% en 2025 y de 2,2% en 2026, por lo que desde esa perspectiva los pronósticos oficiales de corto plazo sí pueden ser algo optimistas.
De todos modos, también es cierto que durante gran parte del año nuestras proyecciones estuvieron recostadas sobre el lado pesimista de las respuestas de los analistas que participan en la encuesta de expectativas que releva el Banco Central (BCU). De hecho, la mediana de la encuesta del BCU al momento de presentar el proyecto de Presupuesto apuntaba a un crecimiento de 2,5% para 2025 y de 2% para 2026, lo que no difiere significativamente de las proyecciones oficiales que presentó el gobierno a finales de agosto. En adelante, será importante monitorear si el gobierno incorpora ajustes en sus proyecciones en las sucesivas Rendiciones de Cuentas.
Desde distintos ámbitos se insiste en la necesidad de encarar reformas de fondo para dinamizar el crecimiento. ¿Comparte esa visión?
Hemos venido señalando desde hace tiempo que Uruguay necesita potenciar su crecimiento económico de largo plazo, lo que está relacionado con aumentar la productividad y la inversión, dada la dinámica demográfica en la que está inmerso el país. A nuestro juicio, no existe lo que habitualmente se conoce como “la madre de todas las reformas”, sino que se deberá llevar adelante una agenda que contemple varias reformas.
¿Qué transformaciones resultan más urgentes y viables en este período?
Dentro de esa agenda creemos que deben estar los temas de inserción internacional, de modernización del marco de relaciones laborales, de cambios regulatorios que promuevan la competencia y la eficiencia, de reforma educativa y de combate a la pobreza y la marginalidad.
¿Qué escenario económico imagina para 2026?
En Exante aguardamos una expansión de la economía del orden de 1,5% para el promedio del 2026, lo que asume que no se repetirán los impulsos puntuales que empujaron el crecimiento durante 2025.
Asumimos que los indicadores del mercado de trabajo continuarán en niveles muy favorables, aunque no mostrarían mejoras adicionales en 2026.
En materia de precios, aguardamos que la inflación permanezca por debajo de la meta puntual de 4,5% anual durante gran parte del 2026. Asumimos que habrá una flexibilización adicional de la política monetaria en los próximos meses de modo de terminar 2026 con registros de inflación consistentes con el objetivo.
Por su parte, habrá que seguir con atención los anuncios que se han realizado en las últimas semanas respecto a cambios en la normativa laboral. Estos anuncios tienen el riesgo de generar una mayor rigidez para las empresas y un desestímulo a la contratación y a la inversión.
También persistirán los desafíos en materia fiscal, en un año en el que las propias proyecciones oficiales apuntan a que el déficit del sector público continuará en niveles muy elevados. A su vez, en la medida en que no se materialicen las proyecciones de crecimiento económico planteadas por el gobierno y en que los ingresos públicos no crezcan al ritmo contemplado en la programación oficial, eso puede acentuar los riesgos en esta dimensión.
¿En qué medida cree que el entorno internacional puede condicionar el desempeño de la economía uruguaya en los próximos años?
Desde el lado internacional, una nueva escalada proteccionista sería una amenaza importante, con los riesgos en materia de actividad económica e inflación global que ello podría acarrear. En términos más generales, el riesgo de un repunte inflacionario en Estados Unidos y una consecuente alza de tasas de interés también podría implicar un shock externo negativo para la economía uruguaya.
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