Tatiana Oroño Coirolo (San José de Mayo, 22 de julio de 1947) es una poeta, crítica literaria y de arte, curadora de arte y profesora de literatura, especializada en literatura latinoamericana. Fue elegida académica de número de la Academia Nacional de Letras (ANL) de Uruguay. Su ingreso, formalizado en un acto realizado el 29 de octubre, la consagra en el prestigioso sillón María Eugenia Vaz Ferreira, de la ANL, corporación en la que se desempeñó como investigadora asociada.
Desde sus múltiples roles, Tatiana Oroño ha contribuido incesantemente a la cultura nacional. Ha publicado catorce libros de poesía. Su obra ha sido traducida al francés, inglés, italiano y portugués, e incluida en el Programa Oficial de Literatura en Bachillerato. Su labor académica y de gestión cultural ha sido decisiva para visibilizar la escritura de las mujeres y fortalecer el campo literario nacional. Distinguida con los premios Bartolomé Hidalgo y Morosoli, entre otros, Oroño es hoy una de las voces más destacadas de la literatura uruguaya.
Como no podía ser de otra manera, la entrevistamos para los lectores de Cultura de La Mañana.
Parece que el 2025 fue para ti muy prolífico en premios y reconocimientos. Junto a otras personalidades (Laura Canoura, Stella Elizaga, Rubén Olivera, Isabel Chabela Ramírez, Alicia Torres, Nancy Urrutia y la compañía Títeres Cachiporra)el 19 de noviembre en la casa quinta de Luis Alberto de Herrera, una de las ocho sedes del Museo Histórico Nacional, recibiste la Medalla Delmira Agustini (hasta la fecha, otorgada a 50 personalidades de la cultura, entre ellas Estela Medina, Daniel Vidart, China Zorrilla, Julio Bocca, Juan Antonio Bayona, Imanol Arias, John Maxwell Coetzee, Circe Maia, Rubén Rada, Jaime Roos, Cristina Peri Rossi, Carlos Maggi, Lisa Block de Behar y Beatriz Massons). ¿Qué significó para ti esta distinción?
Me sorprende descubrir en la lista de personalidades distinguidas con la Medalla Delmira Agustini los nombres de Imanol Arias y de Coetzee, Julio Bocca y del cineasta Bayona. Compartir con Coetzee un galardón me resulta inverosímil… Creía que solo la recibíamos uruguayas y uruguayos. Ahora voy a tu pregunta: sin duda que emociona recibirla porque representa un reconocimiento público a una tarea íntima. Y en ese sentido produce en el interior una especie de desdoblamiento para el que no me siento del todo preparada. A mí me halaga, por supuesto, y lo agradezco, pero también me asusta un poco. ¿Qué decir en la ceremonia de entrega que esté a la altura de las circunstancias? ¿Qué decir que no sea solo una respuesta formal dictada por los protocolos?
Anteriormente, el 9 de abril, fuiste elegida miembro de número para ocupar el sillón María Eugenia Vaz Ferreira en la Academia Nacional de Letras, tomando posesión de tu plaza académica el 29 de octubre. ¿Qué sentiste en esa oportunidad?
Me enorgullece haber sido elegida miembro de número en la ANL y la ceremonia de toma de posesión en la Fundación Benedetti fue muy emotiva. La recordaré siempre como un gran abrazo. Con gratitud.
Hablemos de tu niñez (de San José) y de tu primera formación, de tu ámbito familiar, de Elvira Coirolo (2023-2020) y de Dumas Oroño (1921-2005). ¿Dónde cursaste tus estudios liceales? ¿Eras buena estudiante? ¿Cómo se dio tu llegada a Montevideo?
Mi niñez en San José fue una estación en el Edén. En un Edén diurno, soleado… El arribo a Montevideo tuvo una escala de un año en Colón, donde cumplí 6 años. No fue grato el cambio. Cambiaron muchas cosas en el núcleo familiar. Cumplí 7 en un apartamento cercano al Parque Batlle. Cumplí 8 en una casona de La Blanqueada. Extrañé San José durante cinco años según las cuentas que llevaba mi memoria. Y un día dejé de extrañar. Me gustó leer siempre; me gustó tocar el piano, pero no la disciplina que imponía mi profesora concertista; me gustó aprender francés desde los 11 a los 19 y me gustó más ser liceal (en el Liceo Nº 3: Dámaso Antonio Larrañaga) que escolar. Cuando terminé 4º preferí dejar de usar el uniforme obligatorio en el liceo y me inscribí en el IAVA para cursar los dos años de bachillerato. El IAVA fue una gran aventura que me llevó tres años y no dos. Allí me habitué a “calificar” a mis docentes para mis adentros. Ya sabía que quería ser profesora y aprendía de ellos qué sí y qué no…
“La poesía es el lugar adonde van las cosas que no tienen solución, a buscarla”. ¿Qué es la poesía para ti? ¿Siempre ha sido así? ¿La poesía te encuentra a ti o vas en su búsqueda? ¿Tienes momentos para enfocarte en ella (épocas, paisajes, situaciones)? ¿Qué lees? ¿Qué escuchas? ¿Qué ves?
Cuando cumplí 16 años recibí de regalo El oficio de poeta de Cesare Pavese, un libro que me acompañó toda la vida. En uno de sus ensayos Pavese dice que “la poesía es reducción a claridad” y lo explica con su propio caso: explica qué entendió de su escritura, del mundo y de sí mismo escribiendo; cómo lo hizo. Es una belleza cada página, cada párrafo una iluminación. De ahí que una de mis respuestas sea la que me brindó el gran italiano suicida. Después fui encontrándome otras, como la que tú recordás. Esa me la brindó la experiencia, la aventura de vivir. Es una respuesta que, sin derogar la verdad de la otra, de la ajena, expresa la cualidad más compleja y si se quiere contradictoria de la relación entre vida y escritura. Y revela, en el laboratorio de la metafísica, cuál es el ADN de la poesía: no rendirse, no darse por vencida, porfiar en la verdad de la palabra.
Hablemos de la docencia, y en especial la de literatura. Egresaste del IPA en 1973. ¿Cómo fue esa formación? ¿A quiénes tuviste como docentes? ¿Qué edades o niveles tuviste que enfrentar como docente de literatura? ¿Cumplías al pie de la letra con los programas estipulados? ¿Qué buscabas en los estudiantes? ¿Cuándo tenías la sensación de haber cumplido con esos objetivos? ¿Qué era lo más difícil? ¿El interés por la literatura era manifiesto? ¿Y los materiales? ¿Hoy día sientes que las redes y la tecnología facilitan la tarea docente?
Los cuatro años del IPA –que fueron cinco porque perdimos uno en 1970– fueron hermosos. Fui alumna de José Pedro Díaz, Carlos Real de Azúa, Guido Castillo, Ruben Yáñez, Lila Ramos, Enrique Puchet, Aurelia De Vecchi…, Domingo Bordoli. Cursé mi práctica docente primero con Julio Dodera y con la inolvidable Mercedes Ramírez después. Una época entrañable en la que cada día era un descubrimiento o más de uno. Y el bar Sabará en la esquina de Sarandí y Zabala…, aquel refugio. Luego de recibirme solo ejercí un año. El año de la Orientalidad –1975– me “desorientalizó”: volví, al tiempo que tramitábamos la restitución muchos de nosotros, recién en 1985. Y fue para tomar cursos diversos y en distintos liceos. Una etapa muy difícil de puesta al día. A lo largo de los años tuve que enfrentar, como decís tú, distintos niveles y por lo tanto edades diversas. Di clases en diurnos y nocturnos. En liceo privado, en liceos públicos y en el Instituto de Profesores Artigas. Como podrás imaginar, no cumplí al pie de la letra con los programas estipulados siempre. A veces es imprescindible apartarse y atender la realidad del aula. Lo que yo buscaba siempre eran dos o tres cosas: presentarme y presentar el curso y sus propósitos con claridad (mi punto de partida era ese); llegar a conocer a mis alumnos lo mejor posible; saber que lo más importante sería siempre haber avanzado en competencia lingüística, y que lo demás se daría por añadidura. Mis experiencias fueron diversas, pero siempre sentí que enseñar era aprender a estar en cada una de las aulas.
Tienes una maestría en Literatura latinoamericana ¿El llamado boom de la literatura latinoamericana ya pasó? ¿Qué referentes siguen vigentes? ¿Están presentes en los programas? ¿Soñaste alguna vez con estar en los programas y ser traducida en varias lenguas?
Fui incluida en 2006 en los programas de 1º de bachillerato, como una opción del Núcleo Variable. Y en varias oportunidades recibí consultas de estudiantes de Montevideo y del interior. Pero en 2024 todo cambió. Por otra parte, he sido traducida al francés y al inglés en libros editados en Francia y Estados Unidos. Al italiano y al portugués en antologías y/o blogs. Por supuesto que me gustaría ser traducida en libro a otras lenguas.
Por si fuera poco, has ejercido la crítica de artes plásticas y visuales en el semanario Brecha (1997-2011), publicado catálogos de arte (MNAV, Museo Gurvich, Galería Oscar Prato, Galería de las Misiones, Sammer Gallery) y realizado curadurías en artes visuales (MEC, Museo Departamental de San José, Museo Gurvich, MNAV). ¿El ser hija de Dumas Oroño contribuyó a fortalecer ese perfil? ¿O lo buscaste por ti misma? ¿No te tentó ser una artista plástica?
La labor de crítica de arte fue propuesta de Manuel Maneco Flores Mora en 1983-1984 cuando, todavía en dictadura, impulsó la salida del semanario Jaque. Nos habíamos conocido en ocasión de conmemorarse los diez años del golpe de Estado y de la muerte de Francisco Paco Espínola, en La Casa del autor nacional, donde yo conducía un espacio llamado La Peña de los viernes. Allí se presentaban libros y se exponían obras de arte. Quedaba en la calle Treinta y Tres y era muy concurrido. Él había sido mi invitado en esa ocasión y luego frecuentó el espacio. Unos meses después me incluyó en la nómina del semanario en carácter de crítica de arte. Y yo, destituida y portadora de categoría C, me decidí a aprender todo cuanto fuera necesario. Lo ya aprendido en contacto con mi padre contribuyó a darme herramientas, por supuesto, pero la tarea consistió en hacerme a mí misma.
Trayectoria
Es hija de Elvira Coirolo y del artista plástico Dumas Oroño (1921-2005). Egresó como profesora de Literatura del Instituto de Profesores Artigas (IPA). Cursó la maestría en Literatura latinoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República.
En 2009 fue ganadora del Premio Bartolomé Hidalgo en poesía entregado por la Cámara Uruguaya del Libro y del Premio Morosoli en poesía entregado por la Fundación Lolita Rubial. Investigadora Asociada a la Academia Nacional de Letras. Ha ejercido la crítica de artes plásticas y visuales en el semanario Brecha (1997-2011), publicado catálogos de arte (MNAV, Museo Gurvich, Galería Óscar Prato, Galería de las Misiones, Sammer Gallery) y realizado curadurías en artes visuales (MEC, Museo Departamental de San José, Museo Gurvich, MNAV). Coorganizadora del Primer Encuentro de Literatura Uruguaya de Mujeres (Montevideo, 2003). Coeditora de La palabra entre nosotras (actas del Primer Encuentro de Literatura Uruguaya de Mujeres, E.B.O., Montevideo, 2005). Convocante, coorganizadora y participante de la exposición interactiva de género Joya x Joya (Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, 2008-2009). Cotraductora de Reflexiones sobre la poesía, de Armindo Trevisan. (Montevideo, Monteverde, 1998; México, Plaza y Valdés, 2004.) Su obra está incluida en el Programa oficial de Literatura, 1º Bachillerato (2006). Traducida al francés, inglés, italiano, portugués.
Desde 1983 realiza periodismo cultural y crítica de arte en varios medios de prensa. Es colaboradora frecuente del semanario Brecha.
Obra poética
1979, El alfabeto verde
1982, Poemas
1986, Cuenta abierta
1990, Tajos
1996, Bajamar
2002, Tout fut ce qui ne fut pas, ed. bilingüe, Marsella.
2004, Morada móvil (Artefato)
2008, La piedra nada sabe
2012, Ce qu’il faut dire a des fissures, ed. bilingüe, París.
2014, Estuario
2017, Libro de horas
Referencias
Rela, Walter (1994). Poesía uruguaya siglo 20: antología. Montevideo, Uruguay, Alfar. p. 273. ISBN 9974390281.
Campodónico, Miguel Ángel (2007). Diccionario de la Cultura Uruguaya. Linardi y Risso. p. 326.




















































