Tras la peor sequía en 70 años, el país enfrenta nuevos pronósticos deficitarios. OSE activa protocolos y se acelera la búsqueda de fuentes alternativas, mientras el agro evalúa declarar la emergencia.
Con la memoria aún fresca de la crisis hídrica de 2023 —la más severa en siete décadas— Uruguay activa nuevamente sus alarmas. Los pronósticos meteorológicos anticipan un verano con precipitaciones por debajo de lo normal, especialmente en el sur del país, poniendo en riesgo el abastecimiento de agua y la producción agropecuaria. A diferencia de la emergencia pasada, las autoridades y la empresa estatal OSE han adoptado una estrategia preventiva y anticipada, activando protocolos y recomendando el uso responsable del recurso.
Contexto actual: Un país dividido por la disponibilidad de agua
La situación hídrica actual presenta un escenario dividido. Mientras el norte del país mantiene niveles adecuados de humedad en el suelo, la región sur —que incluye la vital cuenca del río Santa Lucía— arrastra un déficit significativo desde octubre. Los embalses clave para el abastecimiento del Área Metropolitana (Montevideo, Canelones y San José) muestran niveles descendentes.
A comienzos de enero, la represa de Paso Severino —principal fuente de agua potable para el 60% de la población— se ubicaba a 91 centímetros por debajo de su cota de rebalse, con 51.7 millones de metros cúbicos almacenados. Canelón Grande presentaba una situación similar, casi 50 centímetros por debajo de su nivel de rebalse. Aunque estas cifras son comparables a las de enero de 2022 (el año que antecedió a la gran crisis), las autoridades destacan que el déficit acumulado es menor y las perspectivas más optimistas que en aquel entonces.
Pronósticos y causas climáticas: La sombra de La Niña
Las proyecciones oficiales no son alentadoras para el corto plazo. El Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) estima que las precipitaciones acumuladas durante los meses de enero y febrero de 2026 se mantendrán por debajo de los valores normales en gran parte del territorio, con énfasis en las cuencas del este, sureste y del río Santa Lucía. Los meteorólogos Mario Bidegain y José Serra coinciden en que el país aún no ha logrado reponer el déficit hídrico generado por la sequía trianual anterior, y que se necesitarían al menos dos o tres años con lluvias normales para lograrlo.
El fenómeno climático detrás de este patrón es, nuevamente, La Niña. Esta fase fría y seca del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) influye en el Cono Sur, favoreciendo condiciones más secas de lo normal en Uruguay, el sur de Brasil y el centro-norte de Argentina. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) señala que este patrón podría persistir durante el primer semestre de 2026, aumentando el riesgo de estrés hídrico.
Medidas preventivas en marcha: El nuevo protocolo de OSE
Ante este escenario, OSE ha optado por una estrategia de gestión anticipada. En una reunión conjunta con Inumet y la Dirección Nacional de Aguas (Dinagua), se decidió activar medidas preventivas basadas en un protocolo que define indicadores y acciones para distintos estados del sistema. Las acciones incluyen:
- Fortalecimiento del monitoreo de recursos hídricos y reservas.
- Evaluación permanente del estado del sistema de abastecimiento.
- Adecuación de la gestión operativa y preparación de infraestructuras de emergencia.
- Comunicación pública con recomendaciones para un uso responsable.
OSE ha realizado un llamado explícito a la población a colaborar con acciones concretas: evitar el lavado de veredas y vehículos con manguera, regar jardines de forma eficiente y moderada, minimizar el llenado de piscinas, y hacer un uso razonable de lavarropas y lavavajillas.
Impacto en el agro y la posible emergencia
El sector agropecuario es uno de los primeros y más afectados por la falta de lluvias. La investigadora del INIA, Guadalupe Tiscornia, describió la combinación perfecta que afecta al sur: altas temperaturas, bajo contenido de agua en el suelo y vientos, lo que hace que la vegetación “evapotranspire más” y se deterioren pasturas y cultivos. Productores y gremiales ya han solicitado la declaración de emergencia agropecuaria para departamentos como Canelones, Maldonado y Rocha.
Sin embargo, el Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, ha señalado un obstáculo significativo: el Fondo Agropecuario para emergencias está sin recursos. Fratti admitió que “no quedó un peso del período anterior” y que, de ser necesario activarlo, habría que negociar con el Ministerio de Economía. Esta situación financiera limita la capacidad de respuesta inmediata del sector.
Planes a largo plazo y proyectos de infraestructura
Para evitar la repetición de una crisis como la de 2023, el gobierno ha acelerado la búsqueda de fuentes alternativas de abastecimiento. El proyecto estrella es la ampliación de la planta de Aguas Corrientes, que forma parte de una renegociación del controvertido proyecto Neptuno (originalmente en Arazatí). La nueva propuesta incluye:
- La construcción de una nueva planta potabilizadora cerca de Aguas Corrientes, con capacidad para 200,000 m³ diarios.
- Elevar la capacidad total del sistema a 900,000 m³ diarios, asegurando el suministro metropolitano hasta al menos 2045.
- Una inversión estimada en 212 millones de dólares, un tercio menos que el proyecto original Arazatí.
Paralelamente, sigue vigente el plan de construir una represa en el arroyo Casupá, con un embalse de 118 millones de m³ (más del doble que Paso Severino), financiado con un préstamo de la CAF y con obras previstas para 2027.
Estas soluciones, sin embargo, no son nuevas. El ingeniero Arturo Castagnino, ex gerente de OSE, detalla en su documento “Hipermesia” que tanto la represa de Casupá como la idea de una captación alternativa (Arazatí) fueron propuestas hace más de 55 años, en estudios realizados entre 1969 y 1970.
Críticas y desafíos estructurales
Los nuevos planes no están exentos de polémica. El Movimiento por un Uruguay Sustentable (Movus) ha cuestionado la ampliación de Aguas Corrientes, denunciando que se asignaron las obras al consorcio Infraestructura Arazatí SA sin una nueva licitación, pese a reconocerse problemas legales con el acuerdo original. Además, señalan que el problema central no es la capacidad de producción —el sistema actual produce más del doble del agua demandada— sino las pérdidas en la red, donde dos tercios del agua potabilizada no se factura debido a fugas y conexiones irregulares. Movus también advierte que el costo real del proyecto, a través de un esquema de financiación privada, podría superar los 600 millones de dólares, muy por encima de los 212 millones anunciados.
Este debate toca un problema estructural histórico: según un balance de la crisis de 2023, en Uruguay se pierde más del 40% del agua potabilizada por roturas en las cañerías. Invertir en la renovación de esta red es, para muchos expertos, una medida tan urgente como la búsqueda de nuevas fuentes.
Conclusiones y perspectiva: Lecciones de una crisis reciente
La sombra de la sequía de 2023, que dejó pérdidas por 1,880 millones de dólares (3% del PIB) y afectó a 1.7 millones de personas con agua salobre en sus grifos, sigue determinando la acción política actual. El aprendizaje más claro parece ser la necesidad de un enfoque preventivo frente a la variabilidad climática.
Si bien las condiciones podrían comenzar a normalizarse a partir de la segunda quincena de febrero de 2026, según Inumet, el episodio actual demuestra que Uruguay sigue siendo vulnerable a los déficits hídricos. La combinación de acción temprana, inversión en infraestructura diversificada, reducción de pérdidas en la red y una cultura de uso responsable del agua se presenta como el camino ineludible para construir resiliencia hídrica en el país.
La siguiente tabla compara los indicadores clave entre la crisis histórica de 2023 y la situación actual de 2026:
| Aspecto | Crisis 2022-2023 | Situación Actual (inicios 2026) | Comparación y perspectiva |
| Duración del déficit | Sequía trianual (2020-2023), la más larga en décadas. | Déficit acumulado desde el último trimestre de 2025. | La sequía previa fue más extensa y profunda. El suelo aún no se recupera totalmente. |
| Reservas en Paso Severino | Llegó a poco más de 1 millón de m³ (crisis extrema). | Almacena 51.7 millones de m³ (a 5/1/2026), por debajo de la cota de rebalse. | Niveles mucho más altos que en el punto crítico, pero en descenso. |
| Pronóstico climático | Tres años de influencia de La Niña (fase seca). | La Niña podría persistir en el primer semestre de 2026, con lluvias bajo lo normal. | Fenómeno climático similar, pero se espera una transición a condiciones neutrales hacia mediados/fines de 2026. |
| Principal respuesta | Medidas de emergencia y mezcla con agua salobre del Río de la Plata. | Activación temprana de un protocolo preventivo y llamado al uso responsable. | Cambio de enfoque hacia la anticipación y gestión del riesgo. |
TE PUEDE INTERESAR




















































