Cerca de un centenar de personas afectadas por una erupción cutánea desconocida tras bañarse en el Río Uruguay. Las autoridades descartan cianobacterias y metales, pero las pruebas apuntan a “toxicidad moderada”. La ciencia busca ahora al responsable en el ADN del agua.
Un evento de salud inusual en plena temporada estival ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias y ambientales de Uruguay. Cerca de un centenar de personas que se bañaron en playas del Río Uruguay durante el primer fin de semana de enero presentaron erupciones cutáneas con picazón, lo que desató una investigación científica para identificar al organismo responsable, que hasta el momento permanece sin identificar.
Los ministerios de Ambiente (MA) y Salud Pública (MSP) trabajan de forma conjunta con la Prefectura Nacional Naval y las intendencias de Soriano, Colonia y Río Negro para determinar la causa de estas afectaciones, aplicando protocolos de investigación epidemiológica y análisis de laboratorio.
📋 Cronología de la investigación
- 2-3 de enero de 2026: Cerca de 100 personas acuden a centros de salud en tres departamentos tras bañarse en el Río Uruguay, presentando erupción y picazón sin fiebre.
- 3-4 de enero: El Ministerio de Salud Pública (MSP) emite un comunicado con recomendaciones para la población.
- Primeros análisis: El Ministerio de Ambiente (MA) realiza observaciones microscópicas y un ensayo de ecotoxicidad en muestras de agua. Los resultados descartan cianobacterias y metales pesados, pero no son concluyentes.
- 6 de enero: Ante la falta de resultados definitivos, el MA anuncia el envío de muestras de ADN ambiental al Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) para una identificación genética.
- 9 de enero (actualidad): El análisis de ADN está en curso. Las autoridades reportan que no se han identificado nuevos casos desde el domingo 4 de enero.
La búsqueda científica de un culpable invisible
La investigación comenzó de inmediato. La Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental (Dinacea) tomó muestras de agua de las costas afectadas para realizar dos tipos de análisis iniciales.
El primero fue una observación microscópica directa, que no logró detectar microorganismos. Sin embargo, las autoridades reconocieron una limitación importante: las muestras se tomaron horas después de los incidentes, cuando las condiciones climáticas habían cambiado, un factor que puede alterar drásticamente la presencia y concentración de organismos en el agua.
El segundo fue un ensayo de ecotoxicidad, el cual sí arrojó resultados positivos, indicando la presencia de parámetros de “toxicidad moderada” en el agua. Este hallazgo llevó a los investigadores a buscar específicamente dos culpables habituales: cianobacterias y un panel de metales pesados (cromo, plomo, cobre, cobalto, níquel y cadmio). Ambas búsquedas dieron resultado negativo.
“Se descartaron cosas. No son cianobacterias y no es algo que venga de productos químicos. Es algo que creció en el río por las temperaturas, pero no hemos logrado identificar qué es”, explicó Alejandro Nario, titular de la Dinacea.
Ante este callejón sin salida, la investigación dio un paso hacia una tecnología más avanzada. El Ministerio de Ambiente coordinó el envío de muestras de ADN ambiental al prestigioso Instituto Clemente Estable. Allí, los científicos trabajarán con un concentrado de los restos orgánicos presentes en el agua, intentando extraer e identificar material genético que revele la “huella digital” del organismo responsable. Este proceso, según Nario, llevará un tiempo aún no precisado.
¿Por qué ahora? El contexto ambiental
El incidente no ocurrió en un vacío ecológico. Durante los días de los reportes, la temperatura del agua del Río Uruguay alcanzó los 29°C. Estas condiciones cálidas son un caldo de cultivo ideal para la proliferación de diversos microorganismos.
La hipótesis principal que manejan las autoridades apunta hacia un microorganismo productor de toxinas, similar en su mecanismo a las cianobacterias, pero de una especie diferente. “Un microorganismo que segrega una toxina es muy común. Como pasa con las cianobacterias, que liberan toxinas para que otro organismo no colonice un espacio”, ilustró Nario.
Esta explicación encuentra eco en un fenómeno recurrente y cada vez más preocupante en la cuenca del Río Uruguay: las floraciones masivas de cianobacterias, popularmente conocidas como “verdín”. Aunque en este caso concreto se ha descartado a las cianobacterias como culpables, el evento subraya la vulnerabilidad del río.
Expertos señalan que estas floraciones tóxicas ya no son un problema meramente estacional, sino el resultado de un desbalance ambiental crónico causado por el exceso de nutrientes (eutrofización) provenientes de vertidos sin tratamiento, actividades agrícolas y basurales, agravado por el cambio climático. La Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) advierte que, cuando están presentes, estas cianobacterias pueden causar desde irritaciones en la piel y mucosas hasta problemas digestivos, neurológicos y hepáticos.
Respuesta sanitaria y recomendaciones
Frente a la incertidumbre, la respuesta de las autoridades de salud ha sido clara y precautoria. El MSP emitió un comunicado con instrucciones directas para la población: “En caso de presentar erupción en la piel o picazón luego de un baño en el río, se sugiere lavar la piel con agua corriente. En caso de persistir consultar en un centro de salud”.
A pesar del episodio, y basándose en que los casos fueron puntuales y no se han registrado nuevas afectaciones desde el 4 de enero, las autoridades no han emitido una recomendación general para evitar el baño en el Río Uruguay. No obstante, recalcan la importancia de mantenerse alerta y ser precavidos.
Para situaciones más generales de riesgo, como la presencia visible de floraciones algales, CARU ha implementado un sistema de “Cianosemáforo” en las playas:
- Verde: Agua apta para baño.
- Amarillo: Baja a media densidad de algas. Se puede bañar, pero se recomienda enjuagarse después con agua limpia.
- Rojo: Alta densidad. Se debe evitar el contacto con el agua y alejar a niños y mascotas.
Una incógnita que resuena más allá del verano
Mientras los científicos del Instituto Clemente Estable trabajan para desentrañar el misterio genético, el incidente deja en evidencia varios puntos críticos. Por un lado, la capacidad de respuesta rápida y coordinada entre distintas instituciones del estado uruguayo. Por otro, los límites de los métodos de análisis tradicionales frente a agentes desconocidos, lo que hace necesario recurrir a técnicas más sofisticadas como el análisis de ADN ambiental.
Más allá de identificar al organismo específico de este enero de 2026, el caso vuelve a encender las alarmas sobre la salud del Río Uruguay. Es un recordatorio de que la calidad de sus aguas, vital para el consumo, la recreación y el ecosistema, depende de un equilibrio frágil. Un equilibrio que, según los especialistas, se ve amenazado por problemas de fondo como la contaminación difusa y la falta de infraestructura de tratamiento en toda la cuenca, problemas que requieren soluciones estructurales y cooperación regional a largo plazo.
La respuesta definitiva sobre qué causó las erupciones aún está en el laboratorio. Pero la pregunta sobre cómo garantizar un río sano y seguro para el futuro requiere respuestas que van mucho más allá de un microscopio.





















































