El Pyxis Ocean, equipado con gigantescas “velas de ala” rígidas, completa su carga en Argentina y navega hacia Brasil, marcando un hito en la descarbonización del transporte marítimo global.
En un amanecer cargado de simbolismo, el buque granelero Pyxis Ocean cruzó este lunes la línea donde el Río de la Plata se funde con el Atlántico, al sur de Punta del Este. Pero este no es un carguero más. Con sus 229 metros de eslora surcando las aguas, este coloso bajo bandera de Singapur es el primer granelero del mundo equipado con un sistema de propulsión eólica asistida de última generación, un avistamiento que representa la materialización de una promesa de futuro para una industria bajo presión por reducir su huella ambiental.
Operado por la gigante Cargill Ocean Transportation, el Pyxis Ocean arribó a la región tras cargar 36.500 toneladas de trigo en la terminal que la empresa tiene en Puerto General San Martín, sobre el río Paraná. Su destino final es el puerto de Río Grande, en Brasil. Lo que transforma esta travesía rutinaria en un evento histórico es su sistema de “WindWings”: dos imponentes velas rígidas de 37 metros de altura (equivalentes a un edificio de 12 pisos) instaladas en su cubierta.
Desarrolladas por la firma británica BAR Technologies en colaboración con Cargill y Yara Marine Technologies, estas alas no son de tela, sino estructuras sólidas de composites que se izan y controlan automáticamente para capturar el viento de la manera más eficiente. Su objetivo es claro y ambicioso: reducir drásticamente el consumo de combustible y las emisiones de uno de los sectores más difíciles de descarbonizar.
Un ahorro tangible y una apuesta estratégica
Según los datos proporcionados por el consorcio desarrollador, la tecnología WindWings permite ahorros de hasta un 14% en combustible en un viaje típico como el que realiza el Pyxis Ocean entre Sudamérica y Europa. Lo más relevante es que la reducción en la emisión de gases de efecto invernadero puede alcanzar el 37% por ala instalada, incluso cuando estas no están desplegadas, gracias a la optimización de la ruta y la operación del motor principal.
“Ver pasar al Pyxis Ocean frente a nuestras costas no es solo ver un barco innovador; es presenciar el futuro práctico y operativo del transporte marítimo”, señaló un analista del sector consultado. La navegación por esta ruta, una de las más transitadas para las materias primas del Cono Sur, sirve como una demostración de poderosa viabilidad en condiciones reales.
La industria marítima, responsable de alrededor del 3% de las emisiones globales de CO₂, enfrenta metas estrictas establecidas por la Organización Marítima Internacional (OMI) para alcanzar la neutralidad climática alrededor de 2050. Tecnologías como la propulsión eólica asistida se perfilan no como una solución marginal, sino como un componente clave en la mezcla energética del futuro, junto a combustibles alternativos como el metanol o el hidrógeno verde.
Más que un prototipo, una pionera
El Pyxis Ocean no es un mero experimento. Es un buque comercial operativo, lo que subraya la madurez de esta tecnología. Su éxito en esta y futuras travesías podría acelerar la adopción masiva de sistemas similares en la flota mercante global, compuesta por decenas de miles de buques.
“Cargill se comprometió a descarbonizar su cadena de suministro, y el Pyxis Ocean es una prueba tangible de ese compromiso. La energía eólica es gratuita, limpia y disponible. Aprovecharla es una obviedad para la lógica comercial y ambiental”, afirmó un portavoz de la operadora.
Mientras el granelero continúa su rumbo hacia aguas brasileñas, deja atrás un estela que es más que la espuma en el mar: es la evidencia de que la era de la vela, reinventada con ingeniería del siglo XXI, ha regresado para ayudar a impulsar el comercio mundial hacia un horizonte más sostenible. Su paso por el Atlántico Sur no es solo una ruta en el mapa; es el trazado de un nuevo camino para toda una industria.
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