Después de casi dos décadas de promesas y demoras, un segundo puente sobre el río Yaguarón finalmente obtiene el impulso político y ambiental necesario para convertirse en realidad, prometiendo transformar el comercio y la conectividad fronteriza.
Los residentes de Río Branco, Uruguay, han escuchado por años la promesa de un nuevo puente que conecte su ciudad con Yaguarón, Brasil. Hoy, ese proyecto parece más cerca que nunca después de que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) de Uruguay iniciara formalmente los trámites para obtener la Autorización Ambiental Previa necesaria para la construcción.
La obra, con una inversión estimada de US$ 40 millones, busca absorber el transporte de carga que actualmente satura el histórico puente Barón de Mauá, construido hace casi un siglo. El nuevo puente se ubicará 8 kilómetros al norte de Río Branco, conectándose a través de una extensión de más de 6 km de la ruta 18.
Un proyecto de larga data
El acuerdo binacional para este puente se firmó por primera vez en febrero de 2007, durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez en Uruguay y el gobierno de Lula da Silva en Brasil. A pesar de las aprobaciones legislativas en 2009 y la promulgación presidencial brasileña en 2013, el proyecto permaneció estancado durante años hasta que fue revitalizado en 2023 durante una visita del presidente Lula a Montevideo.
“El puente Barón de Mauá existe desde 1930, pero ya no soporta el flujo de vehículos que transitan por la región”, señaló el Departamento Nacional de Infraestructura de Transporte (DNIT) de Brasil en un comunicado. Al estar catalogado como patrimonio histórico, el puente existente no puede sufrir modificaciones que permitan aumentar su capacidad.
Detalles de la obra
El nuevo puente internacional tendrá 419 metros de longitud y será de tipo atirantado, con cables externos anclados a torres de soporte de 14,2 metros de altura. La calzada contará con dos carriles de 3,60 metros cada uno, además de banquinas y veredas peatonales a los costados.
La estructura está diseñada específicamente para vehículos de carga pesada, mientras que el puente Barón de Mauá se transformará en un paso principalmente para tránsito local y turístico. El proyecto también incluye la construcción de complejos aduaneros modernos en ambos lados de la frontera.
Financiación y responsabilidades
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la distribución de responsabilidades financieras. Brasil financiará íntegramente la construcción del puente, mientras que Uruguay asumirá los costos de los accesos desde su margen del río, con un aporte estimado de US$ 8 millones.
Adicionalmente, Uruguay se encargará de la refacción del puente Barón de Mauá, una obra que también requerirá una inversión aproximada de US$ 8 millones y que ya cuenta con un proyecto en revisión por parte del MTOP y la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación.
Proceso ambiental y comunitario
El MTOP ha presentado ante el Ministerio de Ambiente uruguayo un Estudio de Impacto Ambiental para obtener la Autorización Ambiental Previa (AAP). Este procedimiento sigue las etapas establecidas por el Decreto 349/2005, que incluyen comunicación del proyecto, clasificación (en este caso como categoría B), solicitud formal de AAP, puesta a consideración pública y finalmente la resolución de otorgamiento.
La autorización ambiental brasileña ya fue concedida en febrero de 2025 por el Instituto Brasileño de Medio Ambiente, con una vigencia de cinco años. En diciembre de 2024, el consorcio constructor ya había comenzado investigaciones de suelos y estudios batimétricos del río.
El informe ambiental presentado por Uruguay detalla que la zona afectada mantiene una muy baja densidad de población y que la mayor parte del terreno ha sido utilizado para cultivo de arroz. Solo una vivienda habitada y una escuela rural abandonada se encuentran en el entorno inmediato de la traza proyectada.
Impacto regional y escepticismo local
La construcción del puente promete transformar la dinámica fronteriza entre Río Branco y Yaguarón. Actualmente, el puente Barón de Mauá es el único punto de conexión vial entre ambas ciudades, con limitaciones estructurales que dificultan el tránsito de vehículos pesados.
El proyecto forma parte de un esfuerzo mayor de integración dentro del Mercosur, que también incluye el dragado del canal San Gonzalo, el desarrollo de la hidrovía Laguna Merín y la declaración de binacionalidad del aeropuerto de Rivera.
Sin embargo, entre los residentes de la zona persiste cierto escepticismo fundado en experiencias pasadas. En redes sociales, algunos usuarios expresaron dudas recordando promesas anteriores no cumplidas, mientras que otros señalaron que las autoridades locales parecían desconocer detalles recientes del proyecto.
Próximos pasos
Con la presentación del estudio ambiental ante el Ministerio de Ambiente uruguayo, se inicia formalmente el proceso de evaluación que determinará si se otorga la Autorización Ambiental Previa. Una vez obtenida, Uruguay deberá también tramitar la Autorización Ambiental de Operación (AAO) antes de que el puente pueda entrar en funcionamiento, según establece la normativa vigente.
El consorcio brasileño Cidade Planaterra Única, adjudicatario de la obra, ya cuenta con el diseño del puente elaborado por la firma Enecon. Se estima que la construcción del puente llevará 24 meses, mientras que los accesos y la rotonda de conexión requerirán aproximadamente 12 meses de trabajo.
Para una región que ha esperado casi 20 años por esta infraestructura, el avance en los trámites ambientales representa un paso tangible hacia la materialización de un proyecto que promete no solo mejorar la conectividad física entre dos países, sino también fortalecer los lazos económicos, comerciales y culturales en una de las fronteras más activas del Cono Sur.





















































