Federico y Mikaella son una pareja de trabajadores a cargo del puesto de pescado Rififi de Punta del Este, así como de sus dos barcazas: Rififi 1 y 2. Ambos fueron entrevistados por La Mañana y describieron la actualidad de la pesca en Maldonado. Con una historia de larga data que comenzó con los abuelos de ella, los emprendedores siguen apostando a un rubro que parece quedar a las espaldas de los gobiernos.
La historia de la pareja y su vínculo a la pesca comenzó con los abuelos de Mikaella, la familia Gestido, quienes tenían un barco nombrado Rififi y estaban dedicados a la pesca, principalmente de mejillones y eran conocidos por ser los primeros buzos que hacían ese tipo de tarea. Al hacerse mayores y con la familia trabajando en el proyecto, el padre de la entrevistada decidió comprar la barca a sus padres y, posteriormente, fueron Mikaella y Federico quienes hicieron el mismo negocio, pero con el padre de ella, por lo que es un barco que pasó entre generaciones.
A su vez, los emprendedores también gestionan las actividades del barco Rififi 2. Federico explicó que todos los barcos son de madera y fibra, y que al segundo se le cambió el casco debido a que, para pescar, cada vez se necesitan soportes más grandes y fuertes para luchar contra el mal tiempo.
El entrevistado mencionó que es un tema complicado cambiar los nombres de los barcos, y que además no se pueden vender. “El permiso de pesca pasa de generación a generación, todos los papeles están a nombre de mi suegra y solo pueden pasar a nombre de mi esposa o de mis hijos”, explicó.
En ese sentido, el pescador y emprendedor aseguró que ya no se dan permisos de pesca nuevos dado que se agotaron los cupos. Detalló que si un empresario nuevo está interesado en tener un barco de pesca debe comprar alguno que esté activo a través de cartas de poder, por lo que no termina de ser dueño. “Esto lo gestiona el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, en la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) en Montevideo”.
En Punta del Este son pocos los barcos que trabajan en la pesca, y según mencionaron es porque el rubro está desgastado. Por ejemplo, para salir a pescar un día, actualmente el gasto es de 900 dólares entre combustible, carnada, aceite para el motor y listada de herramientas a la vuelta. El pago a los pescadores de Rififi es a porcentaje, primero se sacan los gastos y el monto restante se reparte en partes iguales. “A veces, al no cubrir los gastos, hay que salir dos veces para ganar algo, en ciertos momentos se trabaja toda la noche por $500 nada más”, comentó el entrevistado a modo de ejemplo.
Relató que se suele salir del puerto a las 14 horas, aproximadamente, rumbo a José Ignacio, ya que en verano se da la mejor pesca. A las dos horas se llega y se pesca durante tres horas, luego son unas cuatro levantando las herramientas y finalmente regresan. En el caso de ir a pescar a Garzón el tiempo de viaje es de seis horas entre ida y vuelta.
Luego, los pescadores llegan al puerto a eso de las 7 de la mañana, se pesa el pescado y el filetero ya pasa la mercadería para la venta. En tanto, los pescadores pican la carnada y luego se van a dormir unas horas para salir nuevamente más tarde a la misma rutina.
Adaptarse para sobrevivir
Para la venta al público Rififi tiene dos locales que se llaman El Gaucho y El Rififi. “Tratamos de no vender a restoranes porque piden precio y pagan con cheque a 30 días, y nosotros no tenemos la capacidad de hacer eso, ya casi nadie la tiene en la zona. Incluso, hace una semana los restoranes no tenían pescado debido a esta situación”, comentó Federico. Agregó que, en cuanto a precios, lo relativo a mariscos hace unos cinco años que se mantiene igual y que el pescado sube un poco más en verano debido a que no hay. En este momento lo que más sale es lenguado y brótola, a $1000 el kilo.
En invierno sucede lo contrario, hay mucho pescado y nada de venta. Es por eso por lo que, en general, se exporta todo y se manda a una planta que le hace el tratamiento. “Nosotros trabajamos con La Serrana, son unos brasileros que hacen toda la exportación durante el año. Tenemos un compromiso de palabra con ellos. Si nos pasa algo ellos nos ayudan a nosotros, como cuando se me rompió un motor. Lo que más nos piden para exportación es corvina, la rubia es lo que más se exporta en invierno y se paga muy bien”, explicó el entrevistado. Sostuvo que, en 2025, por ejemplo, se envió toda la pesca para Nigeria.
Un sacrificio que no se elije
El emprendedor afirmó que los chicos jóvenes “no quieren seguir con el rubro”. Agregó que en la actualidad no cuentan con personas nuevas que corten pescado o que se sumen a las pescas. “Esta difícil conseguir y tampoco quieren aprender y eso que los fileteros ganan bien. Ahora prefieren las redes, los influencers y temas digitales”, opinó.
Por su parte, Mikaella aseguró que “si no estás en el rubro y no naciste con eso es difícil sumarse porque ha cambiado todo un motón”. En su caso trabaja desde los 12 años y dijo que ya no es igual a ese momento. “Ha cambiado todo, hoy se paga mucho de impuestos para poder pescar y vender. A veces es más lo que perdemos que lo que ganamos, no nos gusta vender caro, pero en algunos momentos no tenemos otra opción”, indicó.
De ese lado de Punta del Este salen únicamente cuatro barcos que trabajan en la noche, pero en mayo, junio y julio sí salen más porque es la zafra y se vende para el exterior. “Esto es algo que mueve a Maldonado, vienen cientos de personas y se llevan buen dinero. Se procesan unos 10 mil kilos de pescado por noche en esos meses”, indicó.
Reglas que no contemplan a los pescadores
Federico explicó que cambiar un barco por uno más grande es toda una complicación burocrática. Según dijo, para el MGAP un barco de mayor porte supone poder pescar más, sin embargo, los pescadores han intentado dejar en claro que no es así, sino que implica más comodidad y seguridad, ya que cada vez hay que ir más lejos de la costa y las inclemencias del clima son más regulares, por lo que la vida de los pescadores peligra en barcas chicas.
Hace dos años se les rompió la bomba de gasoil en la playa Brava de José Ignacio y un temporal los destrozó. Fueron rescatados en el mar y los momentos de nerviosismo fueron muy fuertes. “Salir a pescar es una tarea con grandes riesgos y si no tenés un barco bueno con mantenimiento y te pasa eso, te hundís”, explicó la entrevistada. En su caso, ella prefiere la atención al público que pescar, ya que vio el trabajo de sus padres en el mar.
En ese sentido, él dijo que se han armado grupos para hablar con autoridades al respecto, pero no han tenido buenos resultados. “A veces el público no sabe todo lo que se pasa antes para que el pescado llegue a la venta. En invierno vino una productora audiovisual a proponer poner cámaras y filmar la pesca artesanal, todos dijimos que sí, pero el MGAP dijo que no y el proyecto no salió”, comentó.
Agregó que cada vez hay menos barcos y es un rubro que dentro de un tiempo se pondrá más caro y eso afectará los precios al público. Hoy una caja de pescados (24 kilos) cuesta 6000 pesos, por lo que hay que pescar cinco cajas solo para cubrir los gastos de salir al mar.
Mikaella resaltó que hace poco más de una década vendiendo un kilo de pescado se pagaba la caja, debido a que la brótola estaba 350 pesos el kilo y era el mismo precio que tenía la caja, “ahora pagamos 6 mil pesos la caja y acá sale 1000 el kilo, pero a veces es más lo que se pierde que lo que se gana”, sumó Mikaella.
A pesar de las luchas que tienen por delante las personas vinculadas al rubro, Federico destacó que “salir al mar es hermoso, amanecer y atardecer, ver delfines y ballenas pasando por tu costado es impagable. Las noches iluminadas son impresionantes”, expuso.





















































