El desempeño de la economía uruguaya en 2025 estuvo marcado por “señales mixtas”: la actividad se desaceleró, pero las exportaciones crecieron, el mercado laboral se mantuvo firme y la inflación controlada, según la lectura del Cr. Marcos Soto. En entrevista con La Mañana, el especialista subrayó la urgencia de llevar adelante reformas en materia de educación, innovación y mercado de trabajo, entre otras áreas. Para el año que comienza dejó en claro que, ante un contexto internacional más complejo, será necesario concretar inversiones y avanzar en la inserción internacional.
¿Qué balance hace del desempeño de la economía uruguaya en 2025?
De señales mixtas. Por un lado, el nivel de actividad se ha desacelerado, lo que enciende luces amarillas. Por el otro, cerró otro año de crecimiento del sector exportador, el mercado de trabajo se ha mostrado firme con récord de cotizantes en BPS y la tasa de empleo más alta en la última década, con ramas de actividad dinámicas. La inflación se mantuvo dentro de los niveles de convergencia con los objetivos, lo que posibilitó reducciones de la tasa de política monetaria. Además, el salario real volvió a incrementarse, lo que ha significado un amortiguador para el enfriamiento del consumo de los hogares.
¿Ha habido cambios en el enfoque de la política económica respecto al período anterior?
Creo que el cambio más notorio por estas horas es transparentar y enfrentar el problema fiscal que tiene Uruguay, con un déficit en niveles máximos de los últimos 30 años. La intención de desburocratizar algunas funciones estatales fue un primer paso novedoso, aunque falta mucho. El foco en la postergada movilidad urbana es imprescindible. Las cartas más valiosas se verán con el presupuesto cuando entre en vigor.
¿Qué tan realistas son las proyecciones macroeconómicas incluidas en la Ley de Presupuesto?
Opinar sobre este punto sería abrir un juicio de valor sobre los profesionales que han trabajado en su elaboración. Si suponemos que no son realistas, ¿deberíamos entender que contienen un sesgo de algún modo optimista? ¿De qué serviría dotar a las proyecciones con comportamientos que de antemano sabemos que no van a ocurrir? En toda estimación de evolución de variables bajo incertidumbre deben realizarse supuestos, en general, de tipo discrecional. Entendiendo esto, todas las proyecciones de variables, repito, afectadas por incertidumbre, contienen un sesgo de quien las realiza.
Desde distintos ámbitos se insiste en la necesidad de concretar reformas estructurales para crecer más. ¿Comparte ese diagnóstico?
De acuerdo. Como dice la frase atribuida a Heráclito de Éfeso, “lo único permanente es el cambio”. Creer que no se precisan reformas profundas de algún modo es perder la oportunidad de construir un mejor futuro. Es verdad que a Uruguay y a los uruguayos nos cuesta, pero también es cierto que en nuestra historia hemos sido capaces de procesar reformas que nos han colocado a la vanguardia en muchos temas, incluso dentro de este propio siglo XXI. Vivimos en la era del conocimiento, es allí donde las economías consiguen construir ventajas competitivas. Si no seremos más personas trabajando (por la crisis demográfica), y si nuestra dotación de recursos naturales es la que es, debemos lograr captar más capital con personas mejor preparadas para que su valor agregado sea mayor.
¿Dónde cree que deberían concentrarse los esfuerzos y cuán factible lo ve en este quinquenio?
Precisamos reformas centrales en la educación, que mejoren los niveles de deserción sobre todo en secundaria, para mejorar la tasa de egreso, de las peores del continente. ¿Cómo pensamos en crecer sin uruguayos preparados para hacerlo? Hay sectores en nuestro país que no crecen más porque no hay uruguayos capacitados para tomar esas posiciones, y sin embargo tenemos más de 100.000 uruguayos desempleados. Esa es una de nuestras peores paradojas. Además, precisamos un diseño y ejecución en profundidad de la reconversión laboral. Estamos siendo arrasados por un tsunami que usualmente llamamos inteligencia artificial, que está eliminando del 50 al 70% de las tareas que realiza un ser humano. ¿Cómo nos vamos adaptar a ello? Como la creación de valor en la economía está basada, como decía, en el conocimiento, precisamos una política nacional de investigación e innovación con recursos acordes. También es necesario redefinir las actividades y el rol de algunas empresas públicas. Debemos imaginar el futuro. ¿Tiene sentido que funcionen dos entes independientes como Ancap y UTE? ¿Es razonable sostener el BHU teniendo al BROU como el principal banco de Uruguay? Debemos repensar nuestro sistema financiero, que debe estar al servicio del desarrollo del ecosistema emprendedor y corporativo. El apalancamiento es clave en el crecimiento de las empresas a nivel mundial, y en Uruguay pedir un préstamo suele ser una quimera y enredo burocrático. El riesgo del crédito está remunerado con la tasa de interés, todas las otras coberturas no se condicen con los intereses percibidos. Claro que la lista podría seguir como entender la dotación necesaria de infraestructura que el país precisa para ser competitivo, o el diseño del mapa de verticales productivas y cómo se crea el entorno para su crecimiento. Son muchos temas, creo que postergados. Quizás se logre ver avances en alguno de ellos. Es más fácil hablar desde la comodidad del análisis, luego la realidad suele ser más dura. Pero estos temas son acuciantes.
¿Cuáles son sus principales expectativas para la economía en 2026?
Hay un contexto internacional poco favorable, con caídas en los principales precios de productos exportables. Además, la variable del clima sigue siendo un factor que nos afecta y al parecer cada vez más. Las previsiones oficiales para el año entrante son una retracción en la producción agropecuaria justamente por menores rendimientos. Como expectativa, esperamos una nueva reducción de la tasa de política monetaria, que termine por empujar el dinamismo de la economía, y potencialmente con magro fortalecimiento, pero fortalecimiento al fin, del dólar. Si Argentina se mantiene cara en términos relativos, pero con estabilidad, será una buena noticia sobre todo para las exportaciones de servicios, principalmente turismo. El 2026 debe ser el año de concreciones para poder ver frutos en el corto plazo.
¿Qué tipo de concreciones?
Concreciones en materia de algunas inversiones anunciadas por privados, en infraestructura pública, principalmente, lo que refiere a Casupá y movilidad urbana, y también a nivel de inserción internacional. Creo que en este último punto se viene avanzando, pero se precisa concretar.
De cara a los próximos años, ¿qué incidencia cree que tendrá el escenario internacional sobre la economía uruguaya?
Uruguay, por sus dimensiones y perfil productivo, es tomador de precios y condiciones. A la vez, con un mercado doméstico tan pequeño, debemos exportar gran parte de nuestra producción porque no tenemos capacidad de consumo. El mundo juega un rol clave en nuestra apuesta al desarrollo. Debemos leerlo con cuidado. India ya es el país más poblado del mundo y prácticamente no tenemos vínculo. Sobre el fenómeno de China, recién comenzamos a ver los primeros brotes de tanto tiempo de investigación y desarrollo con una escala que nadie podrá igualar por años. Indonesia crecerá a tasas extraordinarias y varios países africanos también, con crecimiento de su demografía. Hay mucho por analizar, y sobre todo por ejecutar.
Por otro lado, ojalá que los intercambios en Uruguay se mantengan dentro del rango de lo razonable, con honestidad intelectual y respeto. Que el nivel, a cambio de un voto o un like en redes, no descienda a niveles de subdesarrollo.





















































