Tras un 2025 con un crecimiento moderado cercano al 2%, el desafío principal es mejorar esa realidad para poder sostener el gasto social, de acuerdo con el análisis del economista que está al frente del Departamento Económico del Centro Comercial de Salto, Pablo Cortondo. En diálogo con La Mañana, se refirió a las brechas que persisten en el interior en comparación con la capital y explicó cuáles son las reformas estructurales más urgentes para el país.
¿Qué valoración hace de la situación económica uruguaya en 2025 tras el cambio de gobierno?
La economía uruguaya crece a un ritmo moderado, cerca del 2% anual según el Banco Central. El gobierno asumió con cuentas públicas ajustadas –un déficit en el entorno del 4% del producto, según el Ministerio de Economía–, pero con bases sólidas: inflación baja, cercana al 4,5%, y estabilidad institucional que nos diferencia en la región. El ministro de Economía, Gabriel Oddone, ha sido claro en su diagnóstico: si Uruguay no crece por encima del 2% anual, será difícil sostener los niveles de gasto social actuales. Es una ecuación simple, pero exigente. Por eso la apuesta pasa por atraer inversión, simplificar trámites y diversificar los mercados a los que exportamos. El equipo económico muestra coherencia entre lo que planteaba antes de asumir y lo que está haciendo.
Dada su experiencia en Salto, ¿cómo evalúa la realidad de la economía en el interior del país? ¿Cuáles son las mayores preocupaciones?
El interior enfrenta problemas que vienen de lejos. Desde el Centro Comercial e Industrial de Salto hacemos encuestas trimestrales a empresarios (desde 2021), y el panorama es de cautela: preocupan la competencia digital, la estructura de costos de las empresas, el contexto económico adverso y la crisis de gestión de los recursos humanos.
Las diferencias entre Montevideo y el resto del país son notorias y persistentes. Los departamentos del norte tienen más informalidad laboral y economías menos diversificadas. La inversión pública y privada sigue concentrándose en el sur, un patrón que se repite año tras año, aunque comienzan a percibirse avances en tal sentido.
En Salto, la economía se apoya en tres pilares: el comercio, las termas y el campo. La mejora del tipo de cambio con Argentina nos dio un respiro importante –hace dos años cruzar a Concordia era mucho más barato para todo–, pero seguimos siendo caros en la comparación regional. Eso afecta tanto a los comercios como a las decisiones de inversión.
Varios economistas han planteado la imperiosa necesidad de implementar reformas estructurales para aumentar el crecimiento. ¿Coincide?
Totalmente de acuerdo. Uruguay creció en promedio 2,2% anual durante casi un siglo, según consta en el libro El Despegue (de Gabriel Oddone junto al periodista Nicolás Batalla). Eso no alcanza para un país que quiere mantener buenos servicios públicos, reducir la pobreza y generar oportunidades para los jóvenes.
¿En qué áreas deberían priorizarse esas reformas? ¿Lo ve posible para este período?
Primero, se debería reducir la burocracia. Una empresa promedio dedica unas 50 jornadas al año solo a cumplir trámites, según datos de la Cámara de Comercio. Eso es tiempo y dinero que no va a producir ni a contratar. Segundo, avanzar con acuerdos comerciales como el de Mercosur-Unión Europea. Tercero, mejorar la educación y la formación técnica para tener trabajadores más preparados.
El gobierno ha dado pasos en simplificación de trámites y promoción de inversiones, pero las reformas profundas llevan tiempo y requieren acuerdos políticos amplios. El contexto internacional complicado podría ser, paradójicamente, un incentivo para acelerar esos cambios.
¿Qué opinión le merecen las medidas tomadas por el gobierno para atender la problemática de las fronteras?
Eran necesarias y llegaron en un momento crítico. Uruguay llegó a ser un 80% más caro que Brasil tras la caída del real, según relevamientos de precios en ciudades de frontera. Para los comercios de Artigas, Rivera o el Chuy, eso significó ver cómo los clientes cruzaban a comprar del otro lado.
El paquete de medidas del gobierno incluyó bajar el IVA en compras con tarjeta de débito, aumentar el descuento en naftas del 24% al 32%, permitir importar productos de la canasta básica sin impuestos, y reducir aportes patronales para nuevos empleos en la zona fronteriza. Ahora bien, estas medidas aplican solo a la frontera con Brasil. Los departamentos del litoral oeste –Salto, Paysandú, Río Negro– quedaron afuera del régimen de importación sin impuestos, pese a enfrentar problemas similares con Argentina. Una política de fronteras más equilibrada sería deseable. El propio gobierno reconoció que las medidas son perfectibles y que están abiertos a ajustes.
¿Cuáles son sus perspectivas para el año próximo?
Las proyecciones de consultoras como Cinve (Centro de Investigaciones Económicas) y la Cámara de Comercio ubican el crecimiento de 2026 en un rango de 1,5% a 2%. El consumo de las familias viene frenándose: sectores como gastronomía, vestimenta y cuidado personal muestran caídas, según encuestas de la Cámara de Comercio.
En el interior esperamos que el turismo termal y la estabilidad cambiaria con Argentina sostengan la actividad comercial. Pero Uruguay sigue siendo caro en dólares, lo que complica tanto a los exportadores como a quienes compiten con productos importados.
La clave estará en concretar nuevas inversiones y abrir mercados. El acuerdo con la Unión Europea podría ser un impulso importante si finalmente se ratifica. A nivel local, desde el Centro Comercial de Salto trabajamos en generar información confiable para que empresarios y autoridades tomen mejores decisiones.
¿Qué peso cree que tendrá el contexto internacional en la economía uruguaya hacia el futuro?
Mucho, y cada vez más. El mundo cambió con el regreso de Trump y su política de aranceles. Uruguay quedó con la tarifa base del 10%, igual que el resto del Mercosur, según anunció la Casa Blanca en abril. Es un piso bajo si se compara con China, la Unión Europea o varios países asiáticos, que enfrentan aranceles bastante más altos.
¿Hay oportunidades? Algunas, y puntuales. Pero no hay que confundirse: un mundo más proteccionista es malo para un país chico que vive de exportar. Si la economía global se enfría, bajan los precios de lo que vendemos y se complica todo.
La relación con China será cada vez más importante, tanto como mercado para nuestros productos como eventual contrapeso al proteccionismo de Estados Unidos. Diversificar destinos y cerrar nuevos acuerdos comerciales debería ser prioridad.
Para cerrar, ¿qué otro tipo de políticas considera importantes en particular para el interior del país?
Quiero destacar algo que pasa desapercibido: en Uruguay no se calcula el Producto Bruto por departamento. Esto dificulta saber con precisión cómo le va a cada zona del país. Desde la universidad y las cámaras empresariales venimos trabajando en construir indicadores locales que ayuden a llenar ese vacío. En tiempos de incertidumbre global, la estabilidad institucional es un activo valioso. El interior necesita políticas que reconozcan sus realidades particulares. Nuestro aporte es generar datos confiables para que las decisiones se basen en evidencia y no solo en percepciones.





















































