Tras su viaje oficial a China, el presidente Yamandú Orsi buscará articular un consenso multipartidario para definir una “posición país” frente a la compleja coyuntura regional, marcada por la intervención de Estados Unidos en Venezuela. La iniciativa apunta a proyectar una voz unificada de Uruguay en foros internacionales como la OEA, defendiendo los principios históricos de no intervención y solución pacífica de controversias.
El presidente Yamandú Orsi buscará construir una “posición país” unificada frente a la compleja coyuntura internacional, marcada por la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro. Tras su regreso de una misión oficial a China a principios de febrero, el mandatario convocará a los líderes de todos los partidos políticos con un objetivo claro: “construir unidad adentro y exhibir unidad afuera”.
Esta iniciativa diplomática surge de una reunión estratégica celebrada este miércoles en el Centro de Formación para la Integración Regional (Cefir), donde Orsi se rodeó de un grupo transversal de expertos en relaciones exteriores. El encuentro buscó elaborar aportes que sirvan como base para el consenso político nacional, que luego Uruguay podría presentar ante la Organización de Estados Americanos (OEA).
Un llamado a la unidad histórica
La decisión del presidente tuvo un catalizador inmediato: la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, un hecho que numerosos expertos en derecho internacional han calificado como ilegal. Ante este evento, Orsi citó de urgencia a su gabinete el pasado 4 de enero y evocó la “posición histórica” de Uruguay, reflejada en 1965 por el embajador Carlos María Velázquez durante la invasión norteamericana a República Dominicana.
“El Uruguay tiene que jugar como siempre jugó. Pases largos y a la punta, abrir la cancha y que el mundo siga viendo en el Uruguay un ejemplo de pluralidad”, declaró Alberto Volonté, presidente del Cefir y excandidato del Partido Nacional, quien ponderó que Orsi “demostró que no solo es presidente, sino que quiere ser Jefe de Estado”. Volonté añadió que la idea es tener un documento listo antes de que finalice enero para su posterior discusión partidaria.
Los principios frente a la nueva realidad geopolítica
La reunión en el Cefir congregó a connotadas figuras de distintos espectros políticos, incluyendo al excanciller y expresidente del BID, Enrique Iglesias, y al excanciller y secretario general de la Aladi, Sergio Abreu. También participaron el exvicecanciller Guillermo Valles, el expresidente del Consejo de Seguridad de la ONU, Elbio Rosselli, y la exdirectora del Centro para la Justicia y Derecho Internacional, Ariela Peralta, entre otros.
El objetivo, según trascendió, fue dejar sentado un “equilibrio” que no “afilie” al país a ninguna sensibilidad política particular, defendiendo los principios históricos de autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de conflictos. Estos principios ya han sido esbozados por Uruguay ante la OEA, donde el embajador Edison Lanza planteó que la situación en Venezuela debe resolverse “exclusivamente por vías pacíficas” y mediante procesos “liderados por los venezolanos”.
Contexto regional: intervencionismo y alineamientos
La iniciativa uruguaya se desarrolla en un escenario regional de alta tensión. La intervención estadounidense en Venezuela, justificada inicialmente como parte de la lucha contra el narcotráfico, escaló rápidamente con bombardeos a instalaciones militares y culminó con la captura del jefe de Estado en ejercicio. Expertos como Stephen Walt han advertido que este tipo de acciones, donde el poder hegemónico confunde fuerza con autoridad, debilita el orden internacional basado en reglas.
Mientras Uruguay busca un camino propio basado en el derecho internacional, otros países de la región han tomado rumbos diferentes. Argentina, bajo el gobierno de Javier Milei, ha reforzado explícitamente su cooperación en defensa y seguridad hemisférica con Estados Unidos, con encuentros de alto nivel y una clara sintonía política.
El gobierno de Orsi, en cambio, apuesta a trascender el espacio de mandatarios “progresistas” con los que coordinó hace dos fines de semana –Chile, Colombia, México, España y Brasil– para pronunciarse contra la injerencia en Venezuela. Desde la defensa de sus principios históricos, el gobierno entiende que puede concitar otras adhesiones como las de Panamá, Paraguay y Guatemala.
Desafíos internos y proyección internacional
La búsqueda de consenso no está exenta de obstáculos. La semana pasada, el Senado uruguayo no logró una declaración común ante la incursión de Estados Unidos en Venezuela, evidenciando las dificultades para alcanzar acuerdos en un Parlamento donde “cada partido suele limitarse a marcar su perfil”, según ilustran en el entorno de Orsi.
No obstante, el presidente asume personalmente el liderazgo de este proceso. “Acá no es un tema de ‘lo hice yo, lo hiciste vos’. Esto no es para lucirse nadie”, explicó Volonté.
La apuesta de Orsi gana relevancia adicional por la creciente influencia uruguaya en foros multilaterales. En marzo, Uruguay asumirá la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), y este mismo miércoles el canciller Mario Lubetkin tomó la coordinación del G-77 en Naciones Unidas.
El camino a seguir
Cada participante de la reunión en el Cefir quedó en hacer llegar por escrito sus reflexiones para avanzar en una base documental. Si se logran acuerdos en el frente interno, la posición uruguaya en la OEA buscará sumar respaldos y presentarse como la voz de un país “serio” y “confiable” en la resolución de conflictos internacionales.
El embajador Lanza, desde Washington, advirtió sobre el contexto en el que se desarrolla esta iniciativa: Estados Unidos, aunque se ha retirado de varios ámbitos del multilateralismo, ha reforzado su presencia en la OEA y, bajo la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, ha vuelto a definir como “prioritaria” su influencia en la región.
Mientras Uruguay prepara su documento de posición nacional, el mundo observa cómo un país pequeño pero con prestigio diplomático busca navegar las turbulentas aguas de un orden internacional donde, como advierte el análisis de The Conversation, “el derecho deja de ordenar el mundo y el poder vuelve a gobernarlo sin máscaras”.





















































