A 60 años de la hazaña, la epopeya que llevó la bandera argentina al Polo Sur por tierra continúa siendo un pilar fundamental de la política nacional antártica, combinando memoria histórica, ciencia y una presencia permanente para sostener los derechos soberanos en un territorio de creciente importancia geopolítica.
El 10 de diciembre de 1965, tras 45 días de una marcha titánica sobre el hielo eterno, diez hombres del Ejército Argentino, liderados por el coronel Jorge Edgard Leal, clavaron la bandera nacional en el Polo Sur Geográfico. La “Operación 90” fue la primera expedición terrestre latinoamericana en alcanzar aquel vértice del planeta, recorriendo casi 3,000 kilómetros desde la Base Belgrano I. Más allá de la hazaña exploratoria, aquella travesía fue concebida como un acto de soberanía concreto: demostrar la capacidad de Argentina para proyectarse y operar en toda la extensión del territorio que reclama como propio, el Sector Antártico Argentino.
Hoy, sesenta años después, la conmemoración de esa gesta trasciende el mero homenaje histórico. Se erige como el símbolo fundante de una estrategia integral que Argentina despliega para afianzar sus derechos en la Antártida: una combinación de presencia física ininterrumpida, liderazgo científico y diplomacia activa dentro del Sistema del Tratado Antártico.
La hazaña: una ruta de peligros y ciencia en el desierto blanco
La expedición no fue una simple marcha. Fue un enfrentamiento constante contra uno de los entornos más hostiles de la Tierra.
- Logística extrema y peligros permanentes: La columna, equipada con vehículos Snow-Cat y trineos, debió sortear un campo minado de grietas ocultas bajo puentes de nieve, que en varias oportunidades casi se tragan vehículos y expedicionarios. Atravesaron la Cordillera Transantártica ascendiendo desde el nivel del mar hasta los 3,000 metros de la meseta polar, donde los vientos catabáticos y los sastrugis (dunas de nieve congelada) azotaban sin piedad. La navegación era un desafío en sí misma: las brújulas se volvían inútiles cerca del polo magnético, obligando a guiarse únicamente por observaciones astronómicas del sol, que en el verano austral nunca se pone.
- Más que una aventura, una misión científica: Leal era un experto antártico y la expedición incluía un marcado objetivo científico. A lo largo de la ruta, los hombres realizaron mediciones meteorológicas, glaciológicas, gravimétricas y magnéticas, en cooperación con el Instituto Antártico Argentino y el Servicio Meteorológico Nacional. Cada veinte kilómetros se detenían para tomar datos, demostrando que la hazaña no era solo llegar, sino “medir y traer” conocimiento del territorio.
- Un contexto geopolítico de Guerra Fría: La llegada al Polo Sur tuvo un guiño de este contexto global. Al arribar a la base estadounidense Amundsen-Scott, los expedicionarios, con sus parkas naranjas, fueron inicialmente confundidos por el personal norteamericano con un grupo soviético. El coronel Leal recordaba con humor cómo aclararon: “No, somos argentinos; esta es nuestra bandera”. Este episodio refleja cómo la Antártida ya era entonces un escenario de disputa simbólica entre las potencias.
De la hazaña a la política: Los pilares de la presencia argentina actual
La Operación 90 sentó un precedente operativo que se tradujo en una política de Estado sostenida. Argentina fundamenta su reclamo de soberanía sobre el Sector Antártico Argentino —delimitado por los meridianos 25° y 74° Oeste y el paralelo 60° Sur— en argumentos de contigüidad geográfica, continuidad geológica y, sobre todo, en una presencia efectiva y continuada. Esta presencia se articula sobre pilares concretos:
- Ocupación permanente: Argentina ostenta la presencia ininterrumpida más antigua del continente, iniciada el 22 de febrero de 1904 con el Observatorio Meteorológico en las Islas Orcadas del Sur, hoy Base Orcadas. Esta continuidad, que ya supera los 120 años, es un argumento central de su posición.
- Infraestructura y población: El país administra 13 bases antárticas, de las cuales 6 son permanentes (operativas todo el año) y 7 temporarias (verano). Destaca la Base Esperanza, fundada en 1952 por el mismo Jorge Leal. Es, junto al asentamiento chileno Villa Las Estrellas, uno de los únicos establecimientos antárticos donde el personal vive con sus familias. Allí funciona una escuela, un registro civil, y hasta se registraron los primeros nacimientos humanos en el continente. Este poblamiento civil único refuerza la noción de ejercicio soberano.
- Ciencia como moneda de intercambio: En el marco del Tratado Antártico de 1959, que “congela” los reclamos de soberanía sin negarlos, la investigación científica es la principal moneda de influencia. Argentina es Parte Consultiva del Tratado y ha posicionado a la ciencia como el núcleo de su actividad, colocándose a la vanguardia de la producción científica regional en el continente.
- Liderazgo Diplomático: Buenos Aires es, desde 2004, la sede de la Secretaría Ejecutiva del Tratado Antártico, un rol logístico y diplomático de primer orden que consolida al país como un actor central en la gobernanza del continente.
Conclusión: la vigencia de una lección estratégica
A seis décadas de la Operación 90, en un mundo donde la Antártida adquiere creciente relevancia geopolítica por su rol como regulador climático global y su potencial en recursos naturales, la lección de aquella expedición mantiene una vigencia profunda.
La estrategia argentina, que fusiona el simbólico despliegue de capacidad logística (como el histórico viaje terrestre al Polo) con el ejercicio cotidiano de soberanía a través de la ciencia y la ocupación pacífica, se revela como un modelo adaptado a las reglas del Sistema del Tratado Antártico. En un continente dedicado a la paz y la ciencia, la soberanía ya no se defiende solo con actos épicos, sino con presencia constante, conocimiento generado y diplomacia especializada.
La conmemoración del 60° aniversario es, por lo tanto, mucho más que un repaso histórico. Es la reafirmación de una política de Estado bicentenaria que entiende a la Antártida no como una frontera lejana, sino como una parte integral del territorio nacional, cuya defensa se libra en los laboratorios, en las bases habitadas todo el año y en los foros internacionales donde Argentina ha sabido ganarse un lugar de liderazgo.
Bases Antárticas Argentinas Permanentes:
| Nombre de la Base | Fundación | Ubicación/Nota |
| Orcadas | 1904 | La base permanente más antigua de toda la Antártida. |
| Esperanza | 1952 | Alberga población civil con familias, escuela y registro civil. |
| San Martín | 1951 | Primera base científica argentina fundada al sur del Círculo Polar. |
| Belgrano II | 1979 | Es la más austral de las bases argentinas permanentes. |
| Marambio | 1969 | Cuenta con una pista de aterrizaje de vital importancia logística. |
| Carlini (ex Jubany) | 1982 | Destacada por su intensa actividad de investigación científica. |
| Fuente: Elaboración propia basada en información oficial. | ||




















































