El contador Enrique Iglesias fue reconocido por la Universidad Católica del Uruguay (UCU) con el título de doctor honoris causa, en honor a su destacada trayectoria nacional e internacional y a su contribución al desarrollo económico, social y cultural. La ceremonia se realizó en el marco del lanzamiento de UCU Senior, programa académico dirigido a personas mayores de 60 años, fruto de la alianza entre la universidad y la Fundación Astur, presidida por Iglesias.
La distinción se concede a quienes han realizado aportes significativos al progreso de la ciencia, la cultura, las artes o al bienestar de la comunidad. Iglesias ha ocupado cargos de relevancia como presidente del Banco Central del Uruguay, secretario ejecutivo de la Cepal, ministro de Relaciones Exteriores, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y primer secretario general iberoamericano.
La ceremonia contó con la presencia del presidente de la República, Yamandú Orsi; la vicepresidenta Carolina Cosse; el canciller Mario Lubetkin; el ministro de Economía Gabriel Oddone y el Cardenal Daniel Sturla, entre otras autoridades nacionales, así como representantes del ámbito académico y cultural.
Iglesias subrayó que este reconocimiento no era un acto más, sino una oportunidad para detenerse a pensar: “Todas las oportunidades a las que he podido acceder han tenido directa o indirecta relación con los frutos del conocimiento y los valores que recibí de mi familia, de la Universidad y del país”, expresó.
En su intervención, recordó sus años de formación universitaria como una etapa de aprendizaje intelectual y humano: “La Universidad fue para mí una casa de formación, de conocimiento y de vida en sociedad. Es el recuerdo que guardo de aquellos años estupendos que pasé compartiendo con amigas y amigos”.
Ética y economía, un binomio inseparable
Iglesias advirtió sobre la necesidad de que el desarrollo económico esté siempre acompañado por valores: “Aprender a mover y movernos en las oportunidades y los riesgos de esta sociedad no sólo es un desafío para la gestión de las políticas económicas, es además un desafío para la propia estructura, funcionamiento de la sociedad. Es momento de propiciar en esta forma los cambios que nos vienen a seguir. En el campo de las transformaciones y valores, cuanto más se profundiza en la avalancha y en los avances del conocimiento y la tecnología, más se interpreta la ética, la ética y la cultura. Basta observar los profundos debates que se abaten hoy en los límites éticos de la biología y la ingeniería genética, de la medicina, de la inteligencia artificial. En todo ese campo es clara la vinculación dinámica que hay entre la generación del conocimiento y la prevalencia de los valores que tenemos que defender. Si algo me enseñó la experiencia es que existe la misma necesidad de ética y presencia de cultura en las áreas de las ciencias sociales y económicas. Tanto en los niveles macroeconómicos también como en los niveles en el campo de la empresa y, por supuesto, del Estado. No hay una economía en el vacío de valores. Así lo entendió el fundador de la economía moderna, Adam Smith, que fue profesor de moral y refugió esos principios y valores en sus riquezas tradiciones”
En este sentido, destacó el principio de la solidaridad como clave para conciliar la eficiencia económica con la justicia social señalando que “la mano invisible del mercado solo puede ser aceptable éticamente si es acompañada por la mano claramente visible de la justicia y de la solidaridad dentro de la sociedad y entre pueblos y naciones”.
Identidad, cultura y futuro
El homenajeado también reflexionó sobre los retos que plantea la globalización y la acelerada transformación tecnológica. Recalcó que el crecimiento no puede limitarse a lo material: “El crecimiento económico necesita acompañarse de un crecimiento espiritual de los individuos y de la sociedad entera. Un desarrollo sin identidad, sin referencia a la cultura, es un espejismo”.
En su mensaje a las nuevas generaciones, Enrique Iglesias comenzó con una mirada crítica al inicio de este siglo, marcado —según dijo— por “una crisis social utópica y de modelos que pretendían responder desde el Estado a las necesidades de los ciudadanos”. Invitó a los jóvenes a mantener la humildad frente al conocimiento: “Tan importante como aprender temprano es asumir que nunca sabremos lo suficiente y que, aun así, debemos actuar”.
Destacó además que la esperanza debe ser el motor de esa acción indicando que “para vivir bien, nuestro objetivo es tener una esperanza, aunque sea difícil alcanzarla, y no quedarnos sin ninguna. No abandonen la utopía. La utopía es diferente de la fantasía: es una construcción que parte de anhelos humanos profundos y que oficia de esperanza”, expresó.
En este marco, subrayó también el papel que le corresponde a la Universidad y, en particular, a la UCU, como espacio de juventud y experiencia capaz de aportar a la construcción de esa utopía moral. “La universidad puede y debe participar en la construcción de esa utopía y ayudarnos a acercarnos a la realidad”, afirmó.
Finalizó su alocución con una reflexión sobre lo que lo ha guiado su trayectoria, afirmando que “lo esencial de estos aportes está basado en mi confianza en el ser humano y en el convencimiento de que es posible construir una sociedad mejor, más justa y más segura; una sociedad que se enriquezca en las diferencias, apoyada en la educación y la cultura, y que acompañe el crecimiento económico con un crecimiento espiritual de los individuos y de la sociedad entera”.
Audio completo de su alocución




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