Las incoherencias vernáculas de políticos, politólogos, periodistas, “expertólogos, todólogos, opinólogos” y una gran jauría de “biempensantes” sabelotodos (con los flechados no vale la pena gastar el tiempo) llegan a cansar, por no decir a hartar, por no comprender los conceptos, nada nuevos por cierto, de la realpolitik.
Es que hay un común denominador que los domina y los empareja a todos: la pusilanimidad. Nadie se anima a decir Gregorio y entonces todos dicen “gre, gre”. En algunos casos podrá haber sentimientos genuinos, muy dogmáticos, por cierto, como eso de que la democracia se ha convertido casi en una religión, pero hay otros, quizás los más, que lo hacen por el temor, por no decir el pavor, de perder algunos votitos y que se los trate de “fachos”.
Tal es su despiste que no llegan a comprender que en nuestro país y ahora, puede decirse que hay una masa de entre 150 y 200 mil personas votantes que quieren justamente lo contrario, quieren firmeza, es algo que no lo ve quien no quiere. Y no son extraterrestres ni fachos, sino personas comunes y corrientes, muchas de lo que comúnmente se conocen como Juan Pueblo y Doña María, que sufren diariamente cuando ven que sus hijos pierden un día sí y otro también los días de clases en escuelas y liceos por las razones más absurdas, o que también están muy preocupados cuando sus hijos tienen que volver a su domicilio por las noches, en todos los barrios, quizás en algunos más y en otros menos, pero ninguno se salva del peligro latente.
Ese es el tipo de gente que, por ejemplo, en Chile apoyó la candidatura del señor Kast a la presidencia, a quien no le importó que le dijeran que su padre era alemán o que en cierto momento apoyara a Pinochet; esto es, las majaderías repetidas mil veces por la izquierda y que los bobos y, sobre todo, los resentidos, se tragan sin masticar.
No, señor, acá lo importante no es si Trump quiere el petróleo (¿y por qué no si los chavistas lo infraproducen?) o si se vulneró alguna oculta soberanía que en realidad estaba opacada y dirigida por una guardia de mercenarios cubanos. Acá lo que importa es que se constató, una vez más y van… que las Naciones Unidas son un rotundo fracaso desde hace muchas décadas y que el derecho internacional público, nos guste o no, es inoperante. Acá lo que importa es que se ha comenzado a desmontar una dictadura narcotraficantevestida de pseudo ideología que mantenía cientos de presos políticos (parece que los están liberando a cuentagotas) que padecerán por mucho tiempo consecuencias físicas y psíquicas. Acá lo que importa es que la gente pueda acceder a los insumos médicos, acá lo que importa es que los millones de emigrados, posiblemente los más capaces, vuelvan a su tierra.
¡Eso es lo que importa y no el blablablá de politicastros temerosos! Las cosas hay que decirlas por su nombre y no esconderse en palabrería sofisticada y hueca. Y así fue como se expresaron varios mandatarios de la región, como Milei, Noboa, José Jerí de Perú, sin pruritos, hablando claro, y así debieron hacerlo en nuestro país los políticos de la oposición (en el supuesto de que exista, claro).
Por supuesto, es elemental que esto llevará tiempo, no hay una varita mágica que lo resuelva, esto recién comienza y quizás el rubio presidente del país del norte tenga que tomar aún duras medidas contra los capitostes del régimen que siguen en Caracas, pero hay que desear de buen corazón que las cosas tarde o temprano lleguen a buen puerto. Y recién allí don Edmundo y doña Corina podrían entrar a tallar en eventuales futuras elecciones ya que, hasta el momento, también guste o no, pintan poco, aún premio Nobel de por medio.
Porque cabe señalar, además, y no es asunto menor, que todos esos biempensantes que lamentan el uso de la fuerza a pesar de admitir que Maduro era un dictador no mencionan absolutamente ninguna otra opción a mano, ningún otro camino o procedimiento salvo quizás el milagro bíblico, lo que los coloca fuera de la realidad, en una suerte de esquizofrenia política muy preocupante, no otra cosa puede decirse.
Consecuentemente debe aplaudirse sin remilgos lo actuado hasta ahora, que obviamente es insuficiente, esperando que se vaya más rápido, pero de manera segura y sin pasos en falso.




















































