La geopolítica uruguaya, tradicionalmente definida por su rol de “Estado tapón” o mediador entre potencias regionales, enfrenta hoy el marco de referencia BANI (sigla en inglés de brittle [frágil], anxious [ansioso], non-linear [no lineal], incomprehensible [incomprensible]). Este modelo, que sucede al concepto de VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo), describe un mundo donde el caos no es una excepción, sino que cada vez más se transforma en la norma.
Para Uruguay, un país de “corazón pequeño y mente global”, la adaptación a este entorno se manifiesta de varias maneras que procuraremos presentar a continuación.
Lo primero a señalar es la vulnerabilidad de la apertura. Uruguay es un sistema institucional sólido, pero su economía es frágil ante los choques externos. La dependencia de los precios de los productos básicos y la fragilidad de los acuerdos comerciales tradicionales (como el Mercosur) obligan al país a buscar redundancias. Uruguay intenta romper su fragilidad mediante la “flexibilización” del Mercosur y la búsqueda de tratados de libre comercio bilaterales, como con China o el Acuerdo Transpacífico, para no depender de una sola estructura que pueda quebrarse y genere un colapso sistémico.
El peso de la incertidumbre regional impulsa la ansiedad en la geopolítica uruguaya proviene de la inestabilidad de sus vecinos, Argentina y Brasil. En un entorno BANI, las crisis políticas en los países limítrofes generan una sensación de urgencia constante sobre el control de fronteras, el flujo migratorio y la estabilidad cambiaria. El país se posiciona como un “puerto seguro y confiable”, utilizando su estabilidad jurídica y democrática para atraer inversión extranjera directa de aquellos que huyen de la volatilidad regional.
Los efectos desproporcionados propios de las rupturas causales lineales son evidentes. En un mundo no lineal, pequeñas causas generan grandes consecuencias. Por ejemplo, un cambio en la normativa ambiental europea puede impactar de forma masiva en la ganadería uruguaya. O una sequía extrema (causada por el cambio climático) puede detener el crecimiento del PIB de un año al otro. Uruguay ha liderado la emisión de bonos soberanos vinculados a indicadores ambientales, entendiendo que la economía y la ecología están conectadas de forma no lineal. Si se cuida el medioambiente, se paga menos interés de deuda.
Aparece el laberinto de la desinformación y la amenaza del impacto de la utilización imprudente de la inteligencia artificial. La rapidez de la tecnología y la fragmentación del poder global hacen que la realidad sea a menudo incomprensible. Uruguay enfrenta el desafío de entender hacia dónde se inclina la balanza en la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, mientras intenta digitalizar su propia matriz productiva. La apuesta uruguaya por convertirse en un centro de innovación regional y el ejercicio de la secretaría técnica de redes de gobierno (como la que asumirá en el año 2026) buscan generar datos y conocimiento para “leer” mejor un mundo que ya no sigue los mapas lógicos y paradigmas del siglo XX.
Hay muchas aproximaciones geopolíticas posibles para interiorizar los procesos de asociaciones posibles para el Uruguay contemporáneo. En una primera aproximación consideraremos solamente las claves de la geopolítica uruguaya en términos comerciales. La geopolítica comercial de Uruguay se define por una transición de su rol histórico de “puerto de entrada” hacia una plataforma de servicios globales y logística avanzada. En el marco BANI, Uruguay utiliza su estabilidad para mitigar la fragilidad de la región.
Una opción es el salto al Pacífico mediante la adhesión al Acuerdo Transpacífico. Tras ser aceptado formalmente para iniciar negociaciones a finales de 2025, la gran apuesta de 2026 es el ingreso. Esa posibilidad permite a Uruguay “saltar” por encima de las trabas del Mercosur y conectarse directamente con economías dinámicas como Japón, Vietnam y Canadá. Se reduce la dependencia de los ciclos económicos de Argentina y Brasil, mitigando la fragilidad del bloque regional.
Un aspecto clave es la flexibilización o la modernización del Mercosur. Uruguay mantiene una postura de “neutralidad activa” pero firme en la necesidad de modernizar el bloque. Bajo la presidencia pro tempore que asumirá en el segundo semestre de 2026, el foco está en mantener el acceso preferencial a los vecinos mientras se permite negociar con terceros países (como China) de forma bilateral y desarrollar el acuerdo con la Unión Europea. Tras décadas de espera, Uruguay presiona para que la implementación técnica del acuerdo Mercosur-Unión Europea se materialice aprovechando las cuotas de carne bovina con aranceles reducidos.
La apuesta a un centro logístico y de datos. Uruguay se ha consolidado como un Centro de Distribución Regional. No solo moviliza mercaderías físicas a través del Puerto de Montevideo (que ha profundizado su calado), sino que ha captado inversiones masivas en infraestructura digital. El desarrollo de nuevos data centers y la expansión de la zona franca Zonamerica posicionan al país como un nodo de servicios globales, software e innovación farmacéutica. La estrategia para por convertir la geografía en un activo de conectividad física y digital para Sudamérica.
Desarrollar un rol de pívot entre grandes potencias hegemónicas (Estados Unidos confrontando con China) Uruguay ejerce una diplomacia de equilibrio pragmático. Con China es el principal socio comercial (casi el 60% de destino de las exportaciones). En la actualidad el foco está en la interoperabilidad digital y acuerdos de ventanilla única para agilizar el comercio de agroindustria. Con Estados Unidos y Occidente, Uruguay se posiciona como el socio confiable para el nearshoring de servicios tecnológicos, aprovechando la seguridad jurídica y el talento humano para atraer empresas de IA y biotecnología.
La estrategia de diversificación para mitigar la fragilidad comercial se apoya en lo especificado en el Informe de Comercio Exterior de Uruguay XXI (noviembre 2025), documento técnico que analiza la aceptación formal de Uruguay para iniciar el proceso de adhesión al Transpacífico y proyecta el impacto sobre el 15% del PIB mundial que representa este bloque y en el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores (21 de noviembre de 2025): referencia oficial sobre el respaldo internacional recibido y el inicio de la etapa de negociación de listas de compromisos y alineación regulatoria.
El posicionamiento de Uruguay frente a la “incomprensibilidad” tecnológica se sustenta en la estrategia nacional de datos abiertos y transformación digital (Agesic): documentos de planificación que sitúan a Uruguay como líder regional, incluyendo la asunción de la Secretaría Técnica de la Red de Centros de Gobierno de América Latina para el período 2026-2027. También se menciona la referencia al acuerdo bilateral DNA-VUCE-Aduana de China (diciembre del año 2025): Informe de la Dirección Nacional de Aduanas (DNA) sobre el acuerdo de cooperación técnica e integración digital firmado durante la visita del viceprimer ministro chino, Ding Xuexiang.
La respuesta a la ansiedad regional y la no linealidad de los conflictos se encuentra documentada en el Curso de Geopolítica y Geoestrategia del Uruguay y su Región 2025 (Calen), programas de estudios del Centro de Altos Estudios Nacionales (Ministerio de Defensa) que incorporan el análisis de riesgos estructurales y seguridad de fronteras bajo nuevos marcos teóricos. También aporta como referencia el informe “Situación Uruguay 2025” (BBVA Research). Allí se plantea el análisis de riesgo geopolítico estructural y fragmentación económica que evalúa la resiliencia del peso uruguayo y la estabilidad macroeconómica frente a choques externos.
La sostenibilidad y diferenciación comercial consta en el Marco de Referencia de Bonos Soberanos Vinculados a Indicadores Ambientales. Se trata de un documento emitido por el Ministerio de Economía y Finanzas que establece la conexión legal y financiera entre el cumplimiento de metas climáticas (Acuerdo de París) y el costo de la deuda pública. Por su parte la rendición de cuentas de la Universidad de la República (2023-2025) incluye referencias académicas de la Facultad de Ciencias Sociales sobre la “Ciencia Política en Uruguay y sus nuevos desafíos en tiempos turbulentos”.
La encrucijada del Mercosur plantea fundamentalmente dos visiones: la rigidez sistémica confrontando con la apertura pragmática. El Mercosur enfrenta una crisis de relevancia estratégica, atrapado entre su diseño institucional original, proteccionista y basado en una unión aduanera imperfecta y las demandas de un mundo globalizado de cadenas de valor. Uruguay, como miembro de menor tamaño económico, experimenta con mayor agudeza los costos de oportunidad de la rigidez. Su frustración se materializa en la búsqueda activa de acuerdos extrarregionales, una estrategia que tensiona el principio de “lealtad al bloque” y expone la contradicción entre la soberanía comercial nacional y la disciplina grupal.
* Carlos Petrella y Carlos Tessore son ingenieros de la Universidad de la República, Uruguay, y doctorados en España y Estados Unidos, respectivamente. Codirigen un equipo de investigación en Gestión de Crisis Antrópicas.
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