Tras señalamientos públicos por su vínculo con el caso Conexión Ganadera, la institución católica detalló sponsoreos legítimos, exhibió su riguroso cumplimiento normativo y recordó su impacto social: 29 colegios, 8 clubes de niños y más de 2.600 becas que sostienen el futuro de miles de uruguayos.
El editorialista Francisco Faig dirigió el pasado miércoles una serie de preguntas públicas y directas al cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo y presidente de la Fundación Sophia, a través de la red social X. Los cuestionamientos, de tono firme, buscan esclarecer el vínculo de la fundación católica con Marcela Carrasco Piaggio, su directora ejecutiva, e indagar sobre los mecanismos de control de la institución ante posibles riesgos de lavado de activos.
Faig planteó ahora una batería de interrogantes centrados en la figura de Carrasco Piaggio, hija de Pablo Carrasco, uno de los principales imputados en aquel caso.
La Fundación Sophia, una de las obras educativas católicas más significativas del Uruguay, frente a estos cuestionamientos no ha guardado silencio. Y ha respondido con documentos, tal como lo expuso en un comunicado detallado el 14 de enero, donde refiere que la Fundación Sophia no ha recibido donación alguna de las familias o empresas involucradas en el caso judicial. La única relación económica fue un sponsoreo comercial totalmente legítimo y declarado con la empresa Stradivarius, con motivo de dos Galas de Ballet del Sodre realizadas en 2023 y 2024. Estos ingresos, por un total de 8.000 dólares, fueron transferidos a la cuenta bancaria de la fundación, registrados contablemente como tales y, lo más importante, ya fueron presentados ante la Fiscalía por su tesorero en octubre del año pasado.
La fundación, que preside el cardenal Daniel Sturla, argumenta que no solo cumple con la ley, sino que va más allá: tiene designado un oficial de cumplimiento ante la Senaclaft, tal como exige la normativa antilavado. Resultando de algún modo paradójico que se ponga en la mira a una institución cuyo corazón late por los más vulnerables.
La Fundación Sophia gestiona 29 colegios y 8 clubes de niños, da empleo a 1.100 funcionarios y educa a 5.110 alumnos. De ellos, 2.646 reciben becas totales o parciales. Esta es la fotografía de una organización que sostiene la educación católica en zonas populares de Montevideo y del interior, muchas veces contra viento y marea. Cabe recordar que la fundación se inició en 2014 con el propósito expreso de “sostener colegios católicos que atravesaban serias dificultades para garantizar su continuidad”, como señaló recientemente el cardenal Sturla. Su esquema de financiamiento combina ingresos por mensualidades, donaciones especiales bajo la Ley 18.834, eventos de recaudación y apoyos particulares. Solo en concepto de donaciones especiales durante el último ejercicio, la fundación captó recursos por más de medio millón de dólares, provenientes de decenas de empresas, lo que habla de la confianza y el reconocimiento social que ha construido a lo largo de una década.
Respecto a la incorporación de la Sra. Marcela Carrasco Piaggio a su equipo directivo, la fundación fue clara: se dio mediante un llamado abierto con más de 50 candidatos, un proceso transparente donde quienes seleccionaron no tenían vínculo alguno con la postulante. Y argumentó que reducir la idoneidad de una profesional a los antecedentes familiares es, además de injusto, una práctica que debería repudiarse.
El cardenal Sturla ha negado rotundamente las acusaciones, subrayando el daño que causan estas “suposiciones”. Mientras algunos legisladores piden investigaciones, la fundación sigue su trabajo, avalada incluso por un gesto de alto significado: el Papa León XIV expresó al cardenal Sturla su posibilidad de visitar Uruguay, un reconocimiento implícito a la labor eclesial que aquí se realiza. “Nos vemos en Uruguay”, fue el mensaje de despedida del pontífice, que ilusiona a la comunidad católica local.
En definitiva, este cruce público pone en el centro del debate los protocolos de transparencia y gobernanza de las organizaciones sin fines de lucro, especialmente de aquellas que, como la Fundación Sophia, manejan importantes recursos públicos y privados destinados a la educación de miles de niños y jóvenes en situación vulnerable.




















































