María Claudia González de Palleja fue electa como nueva presidenta de la Asociación de Magistrados Fiscales. El diálogo con La Mañana, repasó los temas principales de preocupación para esta gremial, que van desde la seguridad hasta reclamos históricos como la equiparación salarial entre fiscales adscriptos y adjuntos.
Tras haber asumido el cargo de presidenta de la Asociación de Magistrados Fiscales, ¿cuáles son los principales objetivos de lo que será su gestión?
Mis objetivos pueden ser muchos, pero a veces la realidad nos lleva por otro camino. Todavía tenemos cuestiones por resolver que vienen del pasado. Yo era secretaria de la Asociación, así que no ha variado demasiado la visión que tengo de lo que era con Willian Rosa como presidente. El gran tema que tenemos y no se ha podido resolver es el de los fiscales adscritos. Yo soy adscripta de delitos sexuales, por lo cual sé cuál es la realidad. No es que no se reconozca que tenemos razón en la solicitud de la equiparación salarial con los fiscales adjuntos. En el Parlamento, en la Comisión de Presupuesto, planteamos el tema y se nos apoya, pero como no hay dinero no se puede solucionar.
¿De qué se trata ese conflicto?
Los fiscales estamos equiparados al Poder Judicial en materia salarial, y en el caso de los adscritos, esa equiparación es con los jueces de Paz del interior, algo que es totalmente arbitrario. Por ejemplo, el fiscal de Corte está equiparado con los ministros de la Suprema Corte de Justicia, los ministros del tribunal, con los fiscales nacionales y así sucesivamente. Pero nosotros como adscritos, no hacemos lo mismo, ni tenemos la misma responsabilidad que tiene un juez de Paz del interior.
Se debe tener en cuenta que representamos a la Fiscalía en los juicios, hacemos apelaciones y casaciones. Por lo tanto, a nuestro entender el fiscal adscrito no debería seguir equiparado a este grado del Poder Judicial, ya que es evidente que no tenemos la misma responsabilidad. Incluso un fiscal adscrito subroga a un fiscal nacional o a un fiscal departamental, y por lo tanto ya no es lo mismo. La forma en que nació esa equiparación estaba correcta, pero hoy en día ya es una falacia. Entonces está la posición de decir que nos suban de grado a fiscal adjunto, pero en mi visión tenemos que lograr cambiar nuestra equiparación con el Poder Judicial. El problema no es con los colegas fiscales adjuntos, es con los grados de equiparación. Entonces, me gustaría que empecemos a ver el tema desde ese punto de vista, así lo sacamos de la polémica interna. Además, la figura de fiscal adscripto solo existe en Montevideo.
¿Cuál es la diferencia entre lo que gana un fiscal adjunto a un adscripto y cuántos son los afectados?
La diferencia son 30 mil pesos, lo cual no es poco. Sobre la cantidad de afectados, estimamos que es un 70% del total de la Fiscalía, o sea más de 200 fiscales. Le pongo un ejemplo de donde yo trabajo. Hay seis fiscalías de delitos sexuales, con un fiscal a cargo por cada una y junto a él dos o tres fiscales adscriptos.
Además de este, ¿qué otros temas preocupan a los fiscales?
La seguridad, la falta de fiscales y el presupuesto. Con respecto a esto último, cuando los fiscales de corte concurren al Parlamento, siempre dicen que ellos hacen economía interna. Esa economía interna se hace no nombrando determinados cargos y si no se nombran esos cargos vacantes hay alguien que va a tener que cumplir esa función.
Un ejemplo es con una sociedad médica. Usted tiene un horario para un oculista. Si ese oculista no está, la mutualista tiene que poner otro o puede suprimir ese horario de atención. En nuestro caso, no se pone otro y no se suprime el horario. Acá no se puede suprimir la Fiscalía de Homicidios o que no trabaje en determinadas horas porque no hay suficientes fiscales. Tienen que poner a alguien y ese alguien o es otro fiscal de homicidios o son los subrogantes. Pero a los subrogantes no se les paga por cubrir esos horarios, y además están a cargo de su propia fiscalía. Esto lleva a que exista un enriquecimiento injusto del Estado por el trabajo de esa gente. Todas esas “economías” que está haciendo la Fiscalía de Corte para poder subsistir, que no la hace por maldad, sino por falta de presupuesto, repercute en la salud de los fiscales, por el agotamiento al cual están sometidos. La propia fiscal de Corte subrogante, Mónica Ferrero, dijo que hay muchos fiscales con burnout o síndrome de desgaste profesional. Que se paguen las subrogaciones es un tema que la Asociación de Fiscales viene batallando desde hace tiempo.
¿Existe una estimación de cuántos fiscales se necesitarían para que el sistema funcione de una mejor manera?
Ese número es difícil de cuantificar. Pero partimos de la base de que hay fiscalías que tienen más de 1000 casos, y una cifra manejable sería de 300. Además, todavía hay fiscalías de turno único y en el último presupuesto se creó una más en Ciudad del Plata. Las fiscalías de turno único significan que un fiscal está de turno las 24 horas del día, durante 26 días seguidos. Y ahora, a las existentes, que son Bella Unión, Carmelo, Chuy, Dolores, Flores, Paso de los Toros, Río Branco, Rosario, Toledo y Young, se les agrega Ciudad del Plata, una zona que se ha convertido en muy compleja.
En referencia al tema de la seguridad de los fiscales, ¿se ha mejorado o sigue igual tras el atentado a la doctora Ferrero?
Después del atentado los fiscales seguimos trabajando de la misma manera. No hemos tenido ningún cambio en lo que es la seguridad. Tenemos colegas en el interior que caminan cuatro, cinco, diez cuadras hasta la fiscalía. Abren la fiscalía y cierran la fiscalía, y no tienen custodia policial de ningún tipo. Y los que la tienen, la custodia cumple un horario. Hay audiencias a veces que se van mucho más tarde que el horario de la custodia. Yo hago hincapié en el interior, ya que todo el mundo se conoce y sabe dónde vive el fiscal y cuál es su trayecto habitual a la sede. Y lamentablemente los delitos de narcotráfico no se dan solo en Montevideo. Los fiscales que trabajan estos temas en el interior son un blanco muy fácil. Yo era vocal en la Asociación hace dos períodos, y ya desde esa época estamos pidiendo cámaras de vigilancia en algunas sedes del interior y más custodia, pero no pasó nada.
Usted lleva 25 años como fiscal, ¿qué evolución ha observado del delito?
A lo que asistimos en la actualidad es que el narcotráfico ha atravesado toda la sociedad. Hoy en día hay delitos que se cometen que tienen conexión con el narcotráfico y van desde los homicidios, pasando por hurtos, y llegando a la violencia doméstica y delitos de abuso sexual. Esos delitos siempre existieron, pero ahora son potenciados por el narcotráfico y el abuso de sustancias. Y otros delitos que han subido muchísimo son las estafas cibernéticas. Con la llegada de internet y los celulares, los delitos cibernéticos han desembarcado en el país, teniendo un aumento exponencial.
Si antes había una estafa, se debía preparar el delito e iba dirigido a una persona, pero ahora se logra con un solo clic que un mensaje que es una estafa llegue a miles de personas, y alguna va a caer. Además, es un delito en el cual, al no verse a la persona que lo realiza, no genera estigma social. Otro punto en esto es la conexión con el crimen organizado. Yo viví la época cuando se falsificaban los CD con las películas y esos delitos en realidad están conectados con la macrodelincuencia, como también los de falsificación de marcas. Y en la sociedad si usted vende drogas, por ejemplo, está estigmatizado. Pero si vende CD falsos como en aquella época, ahora carteras que son falsificadas o incluso medicamentos falsificados, no está tan mal visto por la sociedad. No porque la sociedad esté equivocada. Son delitos como más limpios, no tienen esa connotación tan oscura y, sin embargo, están siendo financiados por la misma moneda que financia el narcotráfico.
¿Piensa que desde el punto de vista de la política en general se tiene conciencia de lo que es la Fiscalía y los recursos que necesita?
Pasa muchas veces que cuando a uno le toca es cuando uno se da cuenta de las cosas. Quizás no a mucha gente le ha tocado tener que estar sentado del otro lado para observar la situación y ver cómo nosotros tenemos que trabajar. Acá se hizo todo un cambio de paradigma con respecto a la Fiscalía y no se le explicó bien a la población qué significa aplicar este cambio y la cantidad de dinero que se necesitaba. Y los legisladores forman parte de la población, no son ajenos. No son una entelequia y quizás muchos no entendieron en su momento de qué se trataba esto, los cambios que implicaba y los recursos que serían necesarios. De este otro lado, hay gente que tiene la camiseta de la Fiscalía tatuada y va a seguir trabajando, pase lo que pase. Por eso tenemos colegas que llegan a un agotamiento total. Nosotros, al final de cuentas, no estamos midiendo si nos pagaron o nos dejaron de pagar. Tenemos una víctima y lo que hacemos es tratar de darle una respuesta. El problema es que, como organismo del Estado, la respuesta que le estamos dando a muchas víctimas es muy mala. Si un fiscal tiene más de 1000 casos que no puede atender porque es un ser humano, entonces la respuesta que le está dando al ciudadano y a la víctima no es buena.





















































