“Los distribuidores no son los que inciden en precio, el tema está en el punto final. El que no baja los precios es el mostrador”, señaló Santiago Luc
El precio del pollo no baja al consumidor, no por responsabilidad de los distribuidores sino del último eslabón que lo vende al consumidor final, dijo Santiago Luc, propietario de Cabaña Avícola, un establecimiento familiar con 50 años de trayectoria y crecimiento sostenido ubicado en San Bautista. El emprendimiento que comenzó con la crianza de aves hoy es un complejo de ciclo completo que posee frigorífico, incubadora, molino y está en la etapa final de una nueva fábrica de raciones que se inaugurará en un par de meses. Actualmente se emplea a unas 60 personas.
Consultado sobre la situación de la avicultura, Luc dijo a La Mañana que con el gobierno anterior hubo problemas por la liberación de la importación que dejaba a la producción y la industria nacional en desventaja frente a un monstruo productivo como Brasil.
En 2025 asumió el nuevo gobierno que “continúa con la misma política y mantiene las cuotas” de importación. Aclaró que a fines de año y por razones productivas hubo un adelantamiento de las cuotas de importación, “pero ahora el negocio está sobrepasado en el sentido de que las cámaras están llenas y que hay mucha producción”. Es un problema que “se arrastra desde atrás” y una de sus causas es la importación.
“La suprema es la más afectada por las importaciones, llega a un costo muy bajo que para nosotros es imposible igualar y termina en los supermercados o en las carnicerías vendiéndolas como frescas. Puede haber una parte que la saquen como congelada, pero es el mínimo porcentaje de lo que entra”, apuntó. La reciben congelada y la venden como fresca, y “son kilos que nosotros no estamos vendiendo”, con el agravante de que “al estar congelada la compran baratísima, la dejan descongelar y la venden como fresca a un precio mayor pero más económico que las supremas verdaderamente frescas”.
Se espera un buen 2026
En cuanto a las expectativas productivas para 2026, dijo que “son buenas”. 2025 terminó con una faena promedio de 650.000 pollos parrilleros por semana, lo que hace un total aproximado de 34 millones de pollos en el año.
La producción nacional se mantiene estable y el mayor consumo de pollo no implica mayor producción nacional porque interviene lo que se importa.
Respecto a la cantidad de producto en poder de las empresas Luc dijo que las últimas fiestas “no fueron buenas en ventas como otros años”, además de que el verano hace su parte porque son meses de menor consumo.
Precisamente, que las cámaras estén llenas se debe a que “las ventas no han sido buenas”, aunque “puede ser que haya un poco más de producción, pero nada fuera lo normal”. Con esa combinación de factores más lo que se importa, el perjuicio es mayor: “Lo importado perjudica porque frena la venta. La producción nacional no está vendiendo suprema, que es el corte que más se vende en el verano. Toda la suprema comercializada es importada, llega más barato”.
La culpa no es de los distribuidores
Luc asegura que “si el pollo nacional baja, el consumidor lo prefiere, porque no está acostumbrado al congelado”. La afirmación la realizó cuando hay un fuerte cuestionamiento al precio final del producto, que no refleja la baja en el eslabón productivo.
En los últimos meses se ha informado y debatido sobre la baja del precio del pollo en planta que no llega al consumidor final. Luc recordó que por setiembre u octubre el precio planchada (que sale de planta frigorífica) estuvo en los $ 123, y actualmente está en los $ 100, una caída de más de $ 20, pero esa baja no se informó ni se vio reflejada en lo que paga el consumidor.
De lo que sí se habló fue de los distribuidores, pero la información que ha circulado no es acertada porque el margen de ellos es de unos cinco o seis pesos. “El problema es el eslabón final: las carnicerías y las grandes superficies no bajan un peso”, enfatizó.
“En especial los supermercados”, subrayó: “Yo ayer fui a un supermercado y el pollo estaba a $ 259 el kilo cuando nosotros lo estamos vendiendo a $ 100. En ese mismo supermercado la suprema estaba a $ 730 el kilo, y nosotros la vendemos a $ 280. Los distribuidores no son los que marcan ese porcentaje, son los supermercados”.
“Si el distribuidor nos compra a $ 100 el kilo, lo vende a $ 105 o $ 106, no puede agregarle más porque si lo hace no vende ya que compite con nosotros, que también hacemos distribución”. Lo que el distribuidor sí tiene a su favor es elaboración y cortes, generando mano de obra, pero al pollo entero “solo le marcan el valor necesario para poder venderlo”.
Acuerdo con la Unión Europea
Consultado sobre si la avicultura tiene alguna oportunidad de exportar a la Unión Europea, Luc dijo que en nuestro país no hay ninguna empresa habilitada para ese destino, y el proceso de habilitaciones es complejo por la exigencia del mercado.
El acuerdo firmado por el Mercosur abre un cupo de 180.000 toneladas que son 90.000 con hueso y 90.000 sin hueso, lo que productores argentinos y brasileños han recibido como una buena noticia porque representa una oportunidad de crecimiento.
Anualmente, Argentina exporta a la Unión Europea unas 7500 toneladas, ahora aspira a duplicar ese volumen, pero es Brasil el país en mejores condiciones de aprovechar el acuerdo al quedarse con más del 80% del mercado asignado.
Paraguay es un pequeño productor, con unas 2000.000 toneladas anuales, sin mayor incidencia.
Costos y dólares
Santiago Luc se refirió también a los costos que enfrenta la avicultura: “Competimos contra los costos. Hace un mes el maíz valía US$ 240 la tonelada; hoy está a US$ 265; en noviembre la soja estuvo en US$ 350, y ahora subió a US$ 395”.
A diferencia de otros sectores productivos, la avicultura se ve favorecida por el actual tipo de cambio. “Estamos al revés que otros sectores porque vendemos en pesos y compramos dólares. El que exporta necesita un dólar alto, pero al negocio nuestro, como está dado ahora, le sirve el dólar bajo”.





















































