Videos virales de creadores extranjeros y regionales muestran una cara poco promocionada del país: alto costo de vida, barrios empobrecidos y una creciente sensación de inseguridad. La reciente visita del youtuber italiano Zazza reavivó el debate sobre la distancia entre el relato oficial y la vida cotidiana.
Hace pocos días, el youtuber italiano Zazza —conocido por recorrer algunos de los países y barrios más peligrosos del mundo— visitó Uruguay y se llevó una sorpresa. Lejos del estereotipo de país tranquilo y ordenado que suele asociarse al imaginario internacional, su recorrido mostró una realidad marcada por precios altos, pobreza visible y zonas atravesadas por la violencia y el narcotráfico.
En los últimos años, Uruguay comenzó a aparecer con más frecuencia en los videos de youtubers extranjeros y regionales que recorren países mostrando cómo se vive en la calle. Lejos de la imagen tradicional de país estable, tranquilo y de clase media, muchos de estos creadores ponen el foco en otra cara: barrios empobrecidos, precios elevados en productos básicos, episodios de violencia y la presencia del narcotráfico.
El fenómeno no es aislado ni casual. Los videos suelen tener millones de reproducciones y llegan a audiencias que, para bien o para mal, construyen su idea de Uruguay a partir de estas experiencias grabadas con una cámara en mano.
El impacto de los precios: “todo es caro”
Uno de los puntos que más se repite en estos contenidos es el alto costo de vida. Youtubers que vienen de América Latina o incluso de Europa se sorprenden al comparar precios de alimentos, transporte y servicios con los salarios promedio del país.
Supermercados, almacenes de barrio y ferias aparecen como escenarios habituales donde los creadores comentan, casi siempre con asombro, cuánto cuesta llenar una bolsa básica. Para muchos, Uruguay se presenta como un país caro incluso para estándares internacionales, una percepción que conecta con una queja extendida entre los propios uruguayos.
Pobreza visible y barrios olvidados
Otro eje recurrente es la visita a zonas periféricas o barrios históricamente postergados. En esos recorridos, los youtubers muestran viviendas precarias, calles en mal estado y una fuerte sensación de abandono estatal.
Estas imágenes contrastan con la narrativa turística clásica centrada en Punta del Este, la Rambla de Montevideo o los indicadores macroeconómicos positivos. En cambio, el foco está puesto en la desigualdad y en cómo una parte de la población queda fuera de ese “Uruguay modelo” que suele promocionarse hacia el exterior.
Violencia y narcotráfico como telón de fondo
La violencia y el narcotráfico aparecen de manera explícita o implícita en muchos de estos videos. Advertencias de vecinos, zonas donde “no conviene grabar”, referencias a bocas de droga y enfrentamientos armados forman parte del relato.
Algunos youtubers construyen una narrativa de riesgo, caminando por barrios considerados peligrosos y resaltando la tensión del momento. Si bien este enfoque puede exagerar o simplificar realidades complejas, también refleja una preocupación real por el aumento de la violencia en determinadas zonas del país.
Casos conocidos: de viajeros europeos a estrellas regionales
Entre los ejemplos más comentados se encuentra el de youtubers europeos que recorren Montevideo y sus alrededores mostrando una versión cruda de la vida cotidiana. A esto se suman figuras mucho más conocidas en la región.
Luisito Comunica, uno de los youtubers más influyentes de habla hispana, también incluyó a Uruguay en sus viajes. Aunque su enfoque suele ser más turístico y equilibrado, no dejó de señalar el alto costo de vida y ciertas contradicciones sociales.
Más recientemente, creadores como Joaco se sumaron a esta tendencia, con un estilo más directo y cercano al periodismo callejero, recorriendo barrios populares y conversando con vecinos sobre inseguridad, trabajo y drogas.
¿Mirada externa o espejo incómodo?
La presencia de estos youtubers genera reacciones encontradas. Para algunos, se trata de miradas superficiales que buscan el impacto y el clic fácil, reforzando estereotipos negativos. Para otros, funcionan como un espejo incómodo que muestra problemas reales que muchas veces se minimizan o se normalizan dentro del país.
Lo cierto es que estos contenidos existen, circulan y moldean percepciones. En un mundo donde YouTube compite con los medios tradicionales como fuente de información, la imagen de Uruguay ya no se construye solo desde discursos oficiales o campañas turísticas, sino también desde la experiencia directa —y editada— de quienes caminan sus calles con una cámara encendida.
Un desafío para el relato país
El auge de estos videos plantea una pregunta de fondo: ¿qué Uruguay se está mostrando al mundo y qué Uruguay se quiere mostrar? La brecha entre ambas imágenes revela tensiones sociales profundas que van más allá de YouTube.
Más que culpar a los youtubers, el desafío parece estar en cómo el país enfrenta y comunica sus problemas estructurales. Porque cuando la pobreza, los precios altos y la violencia se vuelven contenido viral, ya no se trata solo de una cuestión de imagen, sino de una realidad que pide ser discutida.





















































