En un contexto global más proteccionista, varios países de América Latina están retomando la política industrial, lo que puede contribuir a reducir la desigualdad y sostener el crecimiento a largo plazo. Así lo señaló a La Mañana Guillermo Matamoros Romero, doctor en Economía por la Universidad de Ottawa, nacido en México y residente en Estados Unidos. A su vez, valoró la posición de su país de origen ante la guerra comercial y opinó que el T-MEC es un instrumento “complementario” que debe alinearse con el Plan México.
En su última entrevista con La Mañana, en agosto de 2022, usted dijo que el T-MEC era un instrumento complementario. Ante la postura de Trump de imponer aranceles universales y revisar el tratado en 2026, ¿cree que es posible para México mantener su estrategia de soberanía energética y de recursos?
Sí, creo que no solo es posible sino necesario mantener una estrategia de soberanía energética en tiempos de creciente incertidumbre y proteccionismo a nivel mundial. Sigo pensando que los tratados comerciales, como el T-MEC, son instrumentos comerciales complementarios o delimitadores de las políticas nacionales, si bien se tiene que cuidar que la revisión del T-MEC de 2026 sea complementaria a la estrategia de política industrial doméstica, en lugar de que se convierta en una camisa de fuerza.
La estrategia de política industrial se sintetiza en el Plan México, una iniciativa que se propone fomentar la industria nacional sustentable en el largo plazo. Para 2030, se espera un avance significativo en la sustitución de importaciones, la relocalización de empresas hacia México (aprovechando el nearshoring) y la consolidación de polos de desarrollo regional de manufactura y servicios. La soberanía energética es fundamental para sostener este proceso industrializador.
Se habla mucho de que México es el gran ganador porque las empresas se están mudando de China para estar cerca de Estados Unidos (el llamado nearshoring). Pero ¿piensa que seguirá siendo un buen negocio pese a las amenazas de Trump de castigar a las empresas que fabriquen en México?
Pienso que sí, en la medida en que no se han impuesto aranceles generalizados a México. A pesar de las amenazas, Trump se ha mantenido en gran medida dentro del marco del T-MEC. La mayoría de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos están cubiertas por el T-MEC, lo que significa que no están sujetas a aranceles. Por lo tanto, México mantendrá una posición comercial ventajosa con Estados Unidos siempre y cuando el T-MEC se mantenga y se respete.
A pesar de aranceles específicos como el aluminio y el acero, México mantiene una ventaja comercial sobre países sin el T-MEC.
Creo que el gobierno mexicano apuesta a que el T-MEC seguirá brindando esta ventaja, lo que puede alinearse con la política industrial del Plan México para aprovechar el nearshoring y sustituir importaciones en industrias como la automotriz, farmacéutica, electrónica, aeroespacial, química y textil.
Hay una queja constante en Washington sobre que México le sirve de puente a China para ingresar sus productos a Estados Unidos. ¿Qué análisis hace al respecto? ¿Cómo debería posicionarse México ante esta situación?
Me parece que la revisión del T-MEC en 2026 y su posterior continuidad dependerán en gran medida de la postura de México en su política comercial con China. A partir de enero de 2026, México impuso aranceles a más de 1400 productos provenientes de países con los que no tiene acuerdo comercial. Como era de esperar, esta medida impacta principalmente en las importaciones chinas.
Considero que la posición de México es consistente con su política industrial y su apuesta por el T-MEC, en un contexto internacional de creciente proteccionismo. El gobierno mexicano busca asegurar la revisión y continuidad del T-MEC, aunque ello implique elevar aranceles con importantes socios comerciales como China.
La postura de México habrá sido acertada siempre y cuando el T-MEC se mantenga y las revisiones al tratado sean consistentes con el Plan México de promoción industrial. Veremos cómo se desarrolla esto a lo largo del 2026. La sustitución de importaciones como política regional en Norteamérica no es incompatible con el fortalecimiento de la industria mexicana, especialmente si la integración comercial se alinea con el Plan México.
Ahora que vive en Estados Unidos y ha visto todo el proceso de cerca, ¿qué lectura hace del giro proteccionista de Trump y de qué manera cree que terminará impactando en América Latina?
Cabe recordar que la primera administración Trump comenzó la guerra comercial con China. Entonces, al menos en lo comercial, la política proteccionista de Estados Unidos no es algo nuevo. Sin embargo, la segunda administración Trump intensifica esta política.
Pienso que las consecuencias para América Latina variarán según el nivel de integración comercial y financiera de cada país con Estados Unidos. No obstante, la mayoría de los países latinoamericanos le apostaron durante décadas a la liberalización comercial como un hecho irreversible. En muchos casos priorizaron el crecimiento basado en el mercado externo, descuidando el mercado interno, lo que resultó en altos niveles de desigualdad, creciente informalidad y vulnerabilidad externa. En ese sentido, el reciente proteccionismo les ha afectado negativamente, ya que la demanda externa es incierta, volátil e insuficiente para sostener un desarrollo sostenido.
Además, las tasas de interés en Estados Unidos siguen siendo altas en comparación con los niveles anteriores a la pandemia a pesar de que la inflación está en tasas prepandemia, lo que mantiene elevadas las tasas de interés de los países latinoamericanos y afecta significativamente su dinamismo económico y su posición financiera.
Con este nuevo tablero geopolítico marcado por la guerra comercial entre China y Estados Unidos y la incertidumbre que eso genera, ¿hacia dónde cree que se encamina la economía mundial en los próximos años?
Dado el clima de incertidumbre, resulta difícil predecir un camino claro. Sin embargo, al menos en cuanto al comercio mundial, es probable que la fragmentación y el proteccionismo persistan e incluso se intensifiquen, en un contexto internacional que seguirá siendo multipolar, con dos grandes bloques económicos dominantes: el liderado por Estados Unidos y el liderado por China. Además, es de esperarse que los crecientes nacionalismos sigan obstaculizando la movilidad internacional de la mano de obra. En América Latina parece haber un retorno de la política industrial en varios países, lo que podría continuar con la reducción de la desigualdad y elevar el crecimiento en el largo plazo.
En la entrevista de 2022 a la que le hacía mención, usted dijo que México estaba en una transición hacia una “genuina estrategia de desarrollo”. Mirando el panorama actual, ¿qué tan viable es lograr esa independencia económica?
En mi opinión, existe una continuidad y profundidad en la estrategia de desarrollo industrial y regional del gobierno mexicano actual en comparación con el anterior. Por ejemplo, se observa un compromiso claro con el fortalecimiento del mercado interno mediante el aumento significativo de los salarios y la reducción de la desigualdad. A nivel regional, se mantienen los esfuerzos por conectar mercados a través de la expansión de las vías férreas y trenes a lo largo del territorio nacional.
Además, se entiende que la promoción industrial y regional debe ser guiada por el Estado. Esto se evidencia en el uso de las compras públicas como instrumento de política industrial y en la utilización de empresas públicas como Pemex y CFE como palanca de desarrollo para avanzar progresivamente en la transición energética con estabilidad de precios.




















































