Nos abruman los noticieros con novedades que en lo internacional pueden ser muy importantes como la acción de Trump en Venezuela capturando al tirano que la gobernaba, que espero que no nos genere la falsa ilusión de una restauración democrática, los lamentables enfrentamientos bélicos de Ucrania y Rusia, la eterna conflictividad de Medio Oriente, etcétera. Digamos que hace mucho tiempo el país en lo internacional carece de la presencia distinguida de personalidades como Carlos María Velázquez o Eduardo Jiménez de Aréchaga y como en tantos otros terrenos, debemos reconocer que nuestra actuación carece de la relevancia que tuvo en el pasado. Hasta diría que quizás sería mejor callarse la boca y evitar declaraciones intrascendentes y en ocasiones hasta inconvenientes.
En otro orden de cosas, más específicamente las domésticas, las noticias y el debate político pocas veces supone la discusión de temas trascendentes en cuanto a cambiar la realidad diaria de nuestros compatriotas. La preocupación primera de los uruguayos de hoy es la seguridad, amenazada al extremo que hay muchas veces más de un homicidio diario. La última solución al problema que escuchamos, pronunciada con tono de seriedad, por lo menos formal, es la de crear otro ente estatal para administrar las cárceles. En buen castellano, más burocracia, más gasto estéril, pero nada de hacer trabajar a los presos como ha propuesto Manini, para generar habilidades laborales que les den la oportunidad de ganarse el pan sin delinquir.
A su vez es notorio que Montevideo y varias ciudades del interior parecen ocupadas por numerosísimas personas en situación de calle, que deambulan por los centros poblados apoderándose del espacio público, sin que las autoridades le encuentren solución al problema. El desmadre ha sido evidente durante gobiernos de distinto signo, pero ninguno lo ha resuelto y el facilitar alimentación o alojamiento transitorio no ha solucionado el problema que afecta la convivencia y la seguridad pública. Hasta ahora los diferentes gobiernos y circunstanciales oposiciones, han hablado mucho del tema con una actuación en los hechos evidentemente estéril.
Se ha denunciado repetidamente el aumento del consumo de drogas y su influencia negativa en la salud de nuestra población, pero gobierno y oposición han omitido realizar campañas que instruyan a nuestros jóvenes de los daños irreparables del consumo de drogas, a pesar de la previsión legal contenida en la ley que instituyó la marihuana recreativa, que supongo es un pingüe negocio para los proveedores autorizados. Digamos más, como algún genio vernáculo ha sostenido, se debería legalizar el comercio de drogas porque la represión no ha evitado el delito. Con ese razonamiento también se debería legalizar el homicidio, la rapiña y el hurto, ya que su persecución durante siglos no ha derivado en la eliminación de la comisión de dichos delitos. No nos olvidemos que estas políticas nacieron durante el gobierno de Mujica, que calificó el aborto, el matrimonio homosexual y la marihuana recreativa de aspectos de la estupidez humana. A confesión de parte relevo de prueba y durante el gobierno de la Coalición, a pesar de los planteos de Cabildo Abierto, nada se hizo ya que las iniciativas de nuestro partido estaban maculadas por la decisión de nuestros exsocios de bloquear cualquier iniciativa que naciera de nuestras filas. Ni siquiera logramos que se consagrara el voto secreto para las decisiones de las organizaciones gremiales, bandera sempiterna del Partido Nacional, que ninguno de sus senadores votó.
No hablemos de la derogación de la ley interpretativa de la ley de caducidad, bloqueada por blancos y colorados, o de la negativa a la prisión domiciliaria de oficio para los recluidos mayores de 70 años, o bien de modificar el Código de Proceso Penal, que son parte de la operación venganza contra los militares a los que hace cinco décadas el Parlamento democrático mandó combatir a los grupos políticos armados que accionaban contra las autoridades constitucionales de la época.
Con diferentes gobiernos vemos como se exprime al contribuyente nacional pequeño y mediano, mientras se aprueban generosas exoneraciones para las grandes empresas, particularmente si son extranjeras. Nada de darle las mismas ventajas el empresario pequeño y mediano ya sea en la lechería, la fabricación de calzado, la confección, la molienda, etc.
Como en tantas materias, blancos, colorados y frentistas coinciden, yo me animaría a decir que filosóficamente los partidos tradicionales se han infectado de la cultura frentista y explica que después de haber sido los partidos dominantes durante ciento cincuenta años hoy tengan que asociarse porque entre los dos no le empardan votos al marxismo gobernante.
Ni en educación, ni en materia de endeudamiento interno o externo, ni en ningún otro tema, vemos en el pasado reciente y hoy, no ya soluciones, sino atisbos de solución que nos ilusionen con un futuro mejor. La contienda se reduce a dar codazos para ocupar posiciones y practicar el gatopardismo.
Podríamos repetir con Luis Alberto de Herrera: “Los partidos tradicionales no han perecido de vejez, pero sí han cumplido en gran parte su cometido histórico. Por eso hoy día algo nuevo, superior a los partidos tradicionales se moviliza: es la voluntad de la Nación que es la voluntad de todos los orientales y de todas las filiaciones”. En algún momento, compatriotas, debemos abandonar los planteos de falsa dialéctica, que se resuelven en una disputa de cargos, para poner al Uruguay en el camino de las soluciones, reeducando con trabajo a los presos, combatiendo el consumo de drogas, aliviando la carga tributaria de la pequeña y mediana empresa, así como de los trabajadores, reduciendo una burocracia estéril, premiando a los docentes de calidad y no a los que utilizan la enseñanza para adoctrinar, etc. En definitiva, afrontar los cambios que nos proyecten de manera de resolver nuestros problemas y proyectarnos al progreso, abandonando el subdesarrollo.





















































