Una baja de tasas histórica y la señal de intervención cambiaria marcan la respuesta a la inflación por debajo de la meta. La contracara es la alarma generalizada en el sector rural, que ve erosionarse su rentabilidad y exige acciones al gobierno.
En una jugada extraordinaria, el Banco Central del Uruguay (BCU) redujo su tasa de interés en un punto porcentual hasta el 6.5% y alertó sobre una posible intervención en el mercado cambiario. Mientras que las autoridades celebran una inflación históricamente baja, el sector agropecuario, motor de las exportaciones, califica la situación como un “desastre” que pone en riesgo la viabilidad económica de sus actividades.
La decisión del Comité de Política Monetaria (Copom) busca contrarrestar un “desalineamiento” de la inflación, que cerró 2025 en un 3.65%, por debajo de la meta oficial del 4.5% anual. Este entorno de estabilidad de precios, sin embargo, tiene una cara opuesta: una pronunciada apreciación del peso uruguayo que castiga la competitividad de los exportadores.
Guillermo Tolosa presidente del BCU atribuyó la situación a una “nueva ola de debilidad del dólar a nivel global”, amplificada localmente por un mercado con “escasa liquidez” y movimientos de precios desproporcionados. Este debilitamiento abarata directamente los bienes importados y los de exportación, ejerciendo una fuerte presión a la baja sobre los precios generales.
El grito del campo: “Los números no dan”
El dólar ha alcanzado mínimos históricos, cotizando alrededor de $37,45 en el mercado interbancario y en torno a $36,60 para la compra en el BROU. Para el sector agroexportador, que vende toda su producción en dólares pero enfrenta costos locales en pesos, esta dinámica es devastadora.
- Rentabilidad en riesgo: Rafael Ferber, presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), calificó la situación de “un desastre en la rentabilidad de varias producciones rurales”, alertando sobre la viabilidad de actividades clave como la ganadería, la agricultura y la lechería.
- Costos que ahogan: Las cinco gremiales agropecuarias del Litoral han solicitado al gobierno un “golpe de timón antes de que sea tarde”. Su argumento es contundente: “Si la moneda dólar se deprecia un 20% y los costos en pesos uruguayos suben entre 5% y 8%, ¡los números no dan!”. Señalan el alza de tarifas públicas, salarios, patentes e impuestos específicos del sector como factores que agravan la crisis.
La respuesta del BCU: Un paquete de medidas inéditas
Ante la presión del sector productivo y el riesgo de que la inflación caiga por debajo del piso del rango de tolerancia (3%), el BCU tomó medidas que su propio presidente, Guillermo Tolosa, definió como “extraordinarias”.
- Reducción agresiva de tasas: El recorte de 100 puntos básicos en la Tasa de Política Monetaria (TPM) hasta el 6.5% tiene un doble objetivo. Por un lado, busca estimular la economía para que la inflación converja hacia la meta. Por otro, al hacer que los activos en pesos sean menos atractivos, intenta aliviar la presión apreciatoria sobre la moneda local.
- Señal de intervención cambiaria: El BCU anunció que está listo para intervenir directamente en el mercado de cambios para “garantizar una mayor normalización de la operativa y evitar saltos abruptos”. Esta sería la primera intervención de este tipo en casi cinco años.
- Flexibilidad operativa: El Directorio convocó una reunión adicional del Copom para marzo, otorgándose la flexibilidad para evaluar y profundizar el sesgo expansivo de la política si las condiciones anómalas persisten.
El difícil equilibrio: Inflación baja vs. Competitividad
El núcleo del conflicto reside en un equilibrio macroeconómico complejo. El BCU tiene el mandato legal de “mantener la inflación baja y estable”, un objetivo que beneficia el poder adquisitivo de todos los uruguayos y fomenta un entorno previsible para la inversión.
La apreciación cambiaria ha sido un instrumento eficaz para este fin, al abaratar el precio de los bienes importados. Sin embargo, como reconoció en el pasado el expresidente del BCU Mario Bergara, “La inflación también es enemiga de la competitividad”. Una moneda muy fuerte encarece los productos uruguayos en el exterior y reduce los ingresos en pesos de los exportadores.
El desafío, en palabras de Bergara, requiere de una “sintonía fina” en la política económica para atender objetivos que a veces entran en tensión: competitividad empresarial, estabilidad de precios y sostenibilidad fiscal.
Perspectivas y riesgos en el horizonte
El escenario está plagado de incertidumbre. El BCU ha actuado con una velocidad inusual, movilizando todas sus herramientas. La efectividad de la baja de tasas para moderar la apreciación del peso y el eventual impacto de una intervención cambiaria son los grandes interrogantes.
Para el agro, la situación es inmediata y urgente. El contexto se agrava porque los precios internacionales de commodities como la soja y el maíz son “sustancialmente menores” a los de años anteriores, cuando también hubo apreciación, lo que elimina el colchón que antes suavizaba el impacto.
El gobierno y el BCU caminan por la cuerda floja. Deben proteger la conquista de una inflación baja —un activo clave para la economía— sin estrangular al sector que genera divisas y empleo en todo el país. Las próximas semanas, y la reunión del Copom en marzo, serán cruciales para determinar si se logra esa “sintonía fina” o si el descontento del campo se transforma en una crisis más profunda.
Proyecciones del BCU vs. Realidad del Mercado (Cierre de 2025)
| Variable | Proyección del BCU / Meta | Realidad Actual | Implicancia |
| Inflación Anual | Meta: 4.5% | 3.65% | “Sobrecumplimiento” que amenaza con salir del rango inferior. |
| Tipo de Cambio | Proyección anterior a fin de año: ~$41 | ~$37.45 | Apreciación mayor a la esperada, afectando exportaciones. |
| Expectativas de Inflación (2 años) | Convergencia a 4.5% | Analistas: 4.45% | El ancla expectacional se mantiene, dando margen de acción al BCU. |
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