Dos recientes artículos periodísticos resultan verdaderamente preocupantes. Uno de ellos, la semana pasada en este mismo semanario, del Dr. Guillermo Domenech en la página 21 y el otro del cientista político Francisco Faig en la página editorial del diario El País del domingo 25 del corriente.
En el primero se señala, acertadamente, que los llamados partidos tradicionales y el Frente Amplio son casi lo mismo, salvo diferencias más formales que de fondo, lo que se pudo comprobar durante el período de gobierno anterior y en el segundo, en forma pesimista pero bastante realista, que el Partido Nacional tiene vocación de minoría.
Ambas notas periodísticas son correctas, aunque se pueden y deben analizar desde dos puntos de vista diferentes. En la primera cabe señalar que si la percepción era la expresada no hay explicación racional para que Cabildo Abierto no se apartara con tiempo de una coalición que lo encorsetaba, lo ninguneaba y finalmente lo hizo hundir como a los pasajeros de tercera clase del Titanic. Por supuesto que mirando hacia el pasado se advierten muchas cosas que no se vieron en su momento o no se quisieron ver o no se creyeron, pero aproximadamente durante la mitad del período de gobierno del Dr. Lacalle Pou era algo notorio y que rompía los ojos, como reza el dicho popular.
En el segundo caso no es novedad alguna que el Partido Nacional tiene vocación de minoría, dicho esto sin ofender a los muchos buenos nacionalistas de nuestro país. Esta es una afirmación que surge de los hechos, no es caprichosa. En el siglo pasado triunfó en tres oportunidades solamente y de ellas en dos con ayuda ruralista, absolutamente definitoria para la victoria electoral de 1962, y en el siglo actual en el año 2019 con una coalición detrás, que en la mayoría de las veces ignoró e incluso lastimó groseramente a un aliado decisivo como ya va dicho. Consecuentemente, por tanto, triunfó por sus solos méritos en el año 1989 llevando a la presidencia al Dr. Lacalle Herrera, que para quien esto escribe fue un gran presidente.
Hasta aquí ambos diagnósticos. ¿Y cuáles son las eventuales soluciones? No es nada fácil y menos para analizarlo en un artículo de prensa con elementales espacios limitados. Aun así, puede prima facie señalarse que dejando de lado algunos grupos que se dice se están formando y ya se verá cómo evolucionan durante los próximos cuatro años, la unión de los núcleos más inteligentes y combativos de todos los demás partidos ya existentes, excepto Identidad Soberana, que ha optado por su propia vía, es una necesidad imperiosa, pero siempre que haya respeto y no un ucase de arriba hacia los que pusieron el hombro (y votos) para apoyar. Claro, esto exige nombres, que escasean, pero parece evidente que es necesaria una purga de perdedores que incomprensiblemente siguen dando vueltas por el panorama político nacional sin que sea necesario nombrarlos porque todos saben quiénes son, lo que debería materializarse en las elecciones internas.
Ahí hay que apuntar con precisión de francotirador.
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