La organista sanducera Lucía Castellanos desempeña actualmente funciones como organista litúrgica en el órgano Cavaillé-Coll de la cripta de la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, obra cumbre del arquitecto Antoni Gaudí y uno de los templos más emblemáticos del mundo.
Castellanos inició su vida musical en Paysandú, donde comenzó sus estudios de piano con Venus Carbóne, para luego dar sus primeros pasos en el órgano en la Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo de Paysandú. Posteriormente amplió su formación con referentes de la organería uruguaya como Cristina García Banegas y Damián Weisz, quienes contribuyeron a consolidar su técnica, su comprensión estilística y su vínculo con el repertorio organístico. Tras este período de maduración musical en Uruguay, viajó a Barcelona, donde continuó su perfeccionamiento con el organista valenciano Juan de la Rubia, organista titular de la Sagrada Familia.
La presencia de una organista uruguaya en un espacio de la importancia y visibilidad internacional de la Sagrada Familia constituye un motivo de orgullo para el país. El instrumento que tiene a su cargo fue construido por la histórica casa francesa Cavaillé-Coll, la misma firma que edificó el célebre gran órgano de Notre-Dame de París, así como otros instrumentos de referencia europea. Se trata de un órgano con 639 tubos, 13 registros y dos teclados, representativo del órgano sinfónico francés del siglo XIX, notable por su riqueza tímbrica y su capacidad para acompañar tanto la liturgia como el repertorio de concierto.
Este órgano fue restaurado y trasladado en 2021 a la cripta del templo, integrándose de modo natural a la estética arquitectónica y litúrgica. La Sagrada Familia —cuyo proceso constructivo se aproxima a su culminación tras más de cien años— recibe millones de visitantes cada año y es uno de los hitos culturales más importantes de Cataluña y del mundo.
El recorrido de Castellanos, desde la formación inicial en Paysandú y Montevideo hasta su desempeño actual en Barcelona, ilustra el nivel artístico y la vocación de los músicos uruguayos, capaces de proyectarse en escenarios internacionales y dialogar con tradiciones musicales de gran peso histórico. Su labor en la Sagrada Familia enlaza la tradición organística del Uruguay con algunos de los centros más relevantes del órgano europeo contemporáneo.




















































