La decisión del Parlamento Europeo de someter el acuerdo a una revisión judicial pone en suspenso un anhelo de 25 años. Mientras la diplomacia uruguaya no se paraliza y acelera una agenda de diversificación comercial.
El histórico acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), firmado el 17 de enero en Asunción tras más de 25 años de negociaciones, ha encontrado un nuevo y significativo obstáculo en el Parlamento Europeo. En una votación extremadamente ajustada, la Eurocámara decidió remitir el tratado al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) para una revisión jurídica. Desde Uruguay, el canciller Mario Lubetkin observa este hecho con realismo, describiéndolo como un retraso objetivo, pero no una cancelación, y mantiene una postura activa y estratégica frente a las incertidumbres.
La posición y estrategia de la cancillería uruguaya
Frente a este escenario incierto, la cancillería uruguaya, bajo el liderazgo de Mario Lubetkin, ha esbozado una respuesta matizada que fusiona la serenidad diplomática con una voluntad inquebrantable de progresar. Lubetkin en una entrevista para el diario El País, aborda el revés con un análisis realista: sin minimizar el impacto, proyecta un retraso de 18 a 24 meses, basándose en antecedentes europeos. Para él, este “dilatamiento de los tiempos” es un trámite procesal más dentro de la compleja arquitectura comunitaria, no un fracaso que afecte el núcleo intacto del acuerdo.
Guiado por su propia afirmación de que “nosotros no nos podemos paralizar. Este mundo no lo permite”, Uruguay ha optado por un avance unilateral, continuando con su proceso de ratificación parlamentaria. Esta decisión funciona tanto como una señal de compromiso irrevocable como una forma de mantener una presión positiva. El canciller además anticipa la futura y tensa negociación de cuotas comerciales dentro del Mercosur, donde Uruguay defenderá sus intereses con firmeza, aunque descartando un escenario de enfrentamiento abierto.
La visión uruguaya, sin embargo, trasciende este acuerdo singular. Lubetkin proyecta un “Uruguay muy abierto” para finales de la década, con una red de negociaciones concretadas que incluye el Acuerdo Transpacífico y tratados con socios desde Singapur hasta Japón. Esta política de diversificación es fundamental para no depender de un solo resultado y para insertar al país en las cadenas de valor globales. Para el ciudadano, este camino se traduce en un horizonte temporal concreto: Lubetkin estima que los beneficios, como el crecimiento de un punto del PBI, podrán observarse en algún momento entre 2027 y 2028, siempre y cuando no se materialice un escenario de bloqueo definitivo, un plazo que absorbe tanto la revisión jurídica como la posterior implementación técnica del tratado.
Contexto geopolítico e implicaciones más amplias
Este freno se produce en un momento particularmente delicado. Para la UE, el acuerdo con el Mercosur es una “herramienta geopolítica fundamental” para reducir su dependencia comercial de Estados Unidos y China, especialmente en un contexto de nuevas amenazas arancelarias desde Washington. Cada mes de retraso, según cálculos del Centro Europeo para la Política Económica Internacional, tiene un costo de miles de millones de euros en exportaciones no realizadas.
Por el lado del Mercosur, existe una clara conciencia de las oportunidades. El acuerdo supondría la eliminación de aranceles para más del 90% del comercio bilateral, con beneficios asimétricos a favor del bloque sudamericano en su acceso al mercado europeo. Brasil, principal socio del Mercosur, ya ha manifestado que la ratificación es una “prioridad” y que seguirá trabajando para acelerar los procedimientos internos.
Entre la incertidumbre y la oportunidad
El camino final hacia la entrada en vigor del acuerdo Mercosur-UE es ahora más largo e incierto. La revisión jurídica impone una pausa técnica, pero la verdadera traba sigue siendo la falta de consenso político interno en Europa, impulsada por el poderoso lobby agrícola y preocupaciones medioambientales.
Desde Uruguay, la respuesta es de pragmatismo y actividad. La cancillería, liderada por Lubetkin, entiende este revés como un obstáculo más en un proceso históricamente complejo, pero no como un callejón sin salida. Mientras espera a que las instituciones europeas resuelvan sus dilemas, Uruguay avanza con su ratificación y acelera su agenda de diversificación comercial. La apuesta es que, a la larga, los enormes beneficios económicos y geopolíticos previstos para ambos bloques —un mercado integrado de más de 700 millones de personas— terminarán por imponerse a las resistencias sectoriales. El horizonte de 2027-2028 que plantea Lubetkin no es una promesa, sino un cálculo estratégico que depende de que la voluntad política finalmente acompañe a la ya concluida negociación técnica.
Panorama de las principales trabas al acuerdo
| Obstáculo / Traba | Descripción | Impacto y Plazos Probables | Posición Uruguaya (Canciller Lubetkin) |
| Revisión Jurídica por el TJUE | El Parlamento Europeo solicita al tribunal evaluar la base legal del acuerdo y el controvertido “mecanismo de reequilibrio”, que permite compensaciones si cambios regulatorios europeos perjudican al Mercosur. | Según precedentes, el proceso en el TJUE puede demorar entre 16 y 26 meses. Posterga la ratificación formal europea. | Reconoce una demora objetiva de 18 a 24 meses, pero señala que no es una paralización total. Confía en que el fallo será favorable, como en casos anteriores. |




















































