En entrevista exclusiva con La Mañana, el economista Juan Carlos Protasi analizó con mirada crítica el acuerdo Mercosur-Unión Europea, la sostenibilidad fiscal, la política monetaria y el rumbo económico del país. Con advertencias sobre el riesgo de insolvencia, el crecimiento de la deuda y la “voracidad del gasto público”, Protasi también se refirió al impacto de la relación con Estados Unidos y China, así como a los desafíos cambiarios y productivos que enfrenta Uruguay en un contexto global incierto.
¿El cambio en la devolución de aportes del Fonasa soluciona el déficit que genera o es simple voracidad fiscal?
El seguro de salud creado en 2007 fue una reforma estructural para financiar y organizar el acceso a la salud de la población con aportes de trabajadores y jubilados, anticipándose en ese entonces que el gasto público subiría un par de puntos del PBI y que habría que financiarlo con impuestos que supuestamente recaudaría el Estado con la reforma tributaria también implementada en ese año. La realidad es que la administración frenteamplista aumentó en exceso el gasto público no solo del Fonasa, sino del gasto total y ahora está no solo el Fonasa sin financiamiento sino todo el Estado.
Es una situación fiscal que arriesga a caer en la insolvencia al mantener de modo casi permanente el déficit público total en 4,5% del PBI (sin considerar el ingreso al fideicomiso por los cincuentones) con ingresos públicos virtualmente estancados por no crecer la economía a un ritmo que permita recaudar lo suficiente, lo que obliga al endeudamiento público creciente. El pago de intereses más déficit del BCU (que básicamente son intereses) ronda el 3,4% del PBI y equivale a más del 80% del déficit global, lo que hace aumentar la deuda como bola de nieve para pagar intereses.
En mi opinión, esto es cuestionable por dos razones. Una es la carga permanente que implica para el ahorro nacional, que debe destinar una cantidad de recursos para pagar intereses de la deuda pública impidiendo que se destinen a la inversión privada o a infraestructura. En segundo lugar, si bien existe abundancia de capitales en el mundo que buscan colocarse a altos rendimientos, nada impide que en algún momento esta racha se corte ante la evidencia de que Uruguay, con todas sus cualidades positivas y admiradas, es una economía que crece muy poco y que solo pretende aumentar la demanda agregada elevando el gasto público y endeudando al país. Ninguna persona física o empresa puede considerarse solvente y ningún banco le prestaría dinero con esta dinámica de gasto y endeudamiento. Se argumenta que el riesgo país es el más bajo de Latinoamérica, es cierto, pero el índice no refleja la realidad, porque la metodología de JP Morgan solo toma en cuenta la deuda en moneda extranjera pero no la deuda en pesos o UI que representa el 55% del total. La realidad es que los intereses crecen a más del doble de la economía.
Muchos se preguntan cuánto puede durar este ciclo y si sobrevendrá una crisis. Keneth Rogoff y Carmen Reinhart estudiando 800 años de historia de crisis financieras demostraron que las crisis en los países de ingresos medios mayormente no son de origen externo sino interno, cuando la tesorería se queda sin liquidez y encuentra dificultades para financiarse. Los autores encuentran que esto ocurrió cuando la deuda bruta en promedio es de 69% del PBI y 230% de las exportaciones de bienes y servicios. Nosotros estamos dentro de esos límites (70% y 270% respectivamente), y observamos que con la economía virtualmente estancad la tesorería busca desesperadamente de dónde sacar recursos. Este cambio en la recaudación del Fonasa no hace más que generar un malestar generalizado en los aportantes, que básicamente son profesionales, empresarios y trabajadores que pertenecen a la clase media. El aumento de recaudación estimado en 80 millones de dólares, equivalente a 1 por mil del PBI, es una demostración más del estrés por el que está atravesando la tesorería.
Se observó una desaceleración hacia fin de año, con el Banco Central manteniendo una política monetaria contractiva, pero con perspectivas de recuperación gradual en 2026. ¿Es viable?
El BCU bajó la tasa de interés a 7,5%, o sea 1,75 puntos menos comparado a mayo, cuando la había aumentado, y con expectativas inflacionarias bajando es posible que ayude a recuperar la demanda de crédito. La inflación de 2025 resultó 3,7%, por debajo de la meta de 4,5% por mayor caída del dólar y estancamiento en el segundo semestre, pero la tasa real resultó más del doble. No creo que la política monetaria sola vaya a cambiar los incentivos para invertir y producir en 2026 con los aumentos tributarios y de las tarifas públicas aprobados. Mientras no se frene la voracidad del gasto no habrá recursos disponibles para la inversión privada ni se recuperará la competitividad de las exportaciones, que son los motores de la actividad económica. Amén de las iniciativas intervencionistas y sesentistas del gobierno y que tal vez no falten despistados que argumenten “no pagar la deuda externa” o eliminar las AFAP.
¿Se puede proyectar crecimiento de la economía con el continente pendiente del accionar de Estados Unidos?
Creo que son aspectos independientes. Argentina estará mejor en 2026 y podría dar un empujoncito a Uruguay, pero Brasil no tracciona y complica nuestra competitividad. Sí creo que se debería tomar en cuenta la filosofía de la política norteamericana y no darle la espalda porque podría ser un error caer en la casilla de los “no amigos”. Las declaraciones recientes respecto a Venezuela fueron en la dirección contraria y atados a Lula los resultados habrá que verlos.
¿Cuáles pueden ser los beneficios y perjuicios del acuerdo Mercosur-Unión Europea?
Es prematuro para pronosticar el impacto que tendrá la rebaja de aranceles de la Unión Europea en la inversión y actividad de nuestro país. Seguramente será positivo porque implicará mayor apertura de la economía, lo que sin duda es muy bueno.
Con China y Estados Unidos como clientes principales, ¿cuál es la posición que debería adoptar Uruguay?
China atraviesa una recesión importante con crisis inmobiliaria y financiera y en los últimos doce meses, luego de haber tenido una hegemonía en el destino de nuestras exportaciones fuera de la región, pasó a tener la misma incidencia en las exportaciones que Estados Unidos, que fue 2,8%, lo que hace que entre ambos sumados tengan una incidencia de 5,6%, en un total de 7,9%. Las exportaciones a Estados Unidos representan 9,2% del total, mientras que las chinas representan 14,2%. Sin embargo, en los últimos doce meses las exportaciones a Estados Unidos crecieron 30% mientras que las chinas lo hicieron al 19% por impacto de las crisis. Creo que Uruguay debería tratar de ampliar la relación comercial con Estados Unidos. Al revés, expandir con China puede no ser tan exitoso, aunque la postura ideológica del partido del gobierno probablemente no se lo permitirá y creo que va por un camino equivocado.
Se anuncia para este año un debilitamiento del dólar. ¿Cómo impacta en nuestra economía?
La caída del dólar no es novedad, es lo que pasó en los últimos años y la forma de contrarrestarlo es con menor presión del gasto público sobre los precios de no transables –al revés de lo que está pasando con tarifas y salarios– y con aumento de productividad e innovación. Para esto debe bajar el gasto público, el costo laboral unitario y abrirse a la competencia. Todo muy improbable con la filosofía de este gobierno. Debemos esperar más de lo mismo, o sea, más atraso cambiario y menor crecimiento económico.





















































