Con una muestra de pinturas y ensamblajes, el próximo 19 de diciembre a las 19 horas se inaugura en Rambla y Calle 12, Atlántida, este nuevo espacio abierto a la comunidad. Con entrada libre, abrirá esta muestra con las creaciones de cuatro artistas nacionales que se juntan por primera vez a estos efectos. Ellos son Claudio Rama, Hugo López, Eduardo Laureiro y Pincho Casanova.
¿Qué tiene esta inauguración de especial?
Lo primero por destacar es el lugar y las características del espacio. Al llegar por la Rambla de Atlántida hasta la esquina con la Calle 12 nos encontramos con una hermosa residencia de principios del siglo XX, en un entorno de casas patrimoniales en medio del verdor natural y el trinar de los pájaros. La belleza de la construcción nos retrotrae a un pasado de tejas en el techo, bow-windows, maderas y ladrillos que dotaban de comodidad a las familias que las usaban como lugar de veraneo. Pues bien, esos 500 metros en esquina frente al mar, darán cabida de acá en más a eventos y proyectos culturales para el disfrute de vecinos y visitantes de Atlántida.
Además de inaugurar un nuevo espacio para la cultura, en esta oportunidad, se podrá disfrutar de una muestra inusual y que se da por primera vez: cuatro artistas nacionales que provienen de distintas ramas del quehacer cultural y con una vasta trayectoria profesional, expondrán una selección de sus creaciones y podrán compartir sus experiencias y procesos creativos con quienes asistan a la inauguración. La cita es a las 19 horas, y así se reiterará durante todos los fines de semana de 19 a 23 horas hasta el 5 de abril de 2026.
La proyección que tendrá este espacio denominado CasaRambla dependerá de la receptividad de la comunidad, de las alianzas estratégicas con instituciones, organizaciones de la sociedad civil, así como de los vínculos con instituciones educativas y culturales, de la Intendencia, Municipalidad y del apoyo privado empresarial y en especial el vinculado al turismo.
Seguramente, en breve, habrá artistas locales y emergentes, asistiendo o dando talleres, charlas, muestras, etcétera. Y todo lo que mueve alrededor, ya sea, merchandising, gastronomía, transporte, etcétera se irá definiendo y concretando en la justa medida de lo que brinda el lugar y el espacio en función de los objetivos fundacionales.
Está demás decir que no hay objetivos de lucro, sino al contrario, los artistas afrontaron todos los gastos de logística, instalación y montaje con sus propios recursos y aportan sus obras con gran generosidad, librando el acceso para que la mayor cantidad de público pueda asistir.
Para conocerlos mejor les pedimos a los cuatro artistas que nos hablaran de lo que van a exponer y he aquí las respuestas:
Hugo López
Conceptualmente, mi trabajo pictórico es sostenido por un trípode; 1, lo roto, lo destrozado; 2, el poderoso simbolismo de la cinta de Möbius; 3, una matriz geométrica prenormada, basada en la dimensión áurea que, metafóricamente, funciona como el teclado de un piano, sobre cuyas teclas toco las melodías de la línea y los acordes de colores. A veces utilizo alguno de los tres elementos de manera exclusiva y otras los mezclo. El de más vieja data es lo roto, presente en mis esculturas desde 1977. Los tres unidos por una necesidad: exponer y exaltar a los que resistieron. Clave de la evolución humana.
Eduardo Laureiro
Trabajo sobre la tela sin bastidor y a veces ya en el curso de la imprimación incluyo algún leve materismo. No suelo hacer bocetos, de modo que, al comienzo, al tomar el pincel, no tengo idea por dónde voy y una muy difusa idea de adónde quiero llegar.
Entonces no hay más que un embrión de forma y/o color, una especie de entidad cromática que es preciso “soltar para que fluya, se construya”, guiada por una vaga intención de representar sobre el soporte artístico elegido un universo perceptivo interior.
Así es que voy avanzando casi a tientas, pero con el claroscuro objetivo de unas condiciones ideales para que tenga lugar el hecho pictórico, y apuntando a lograr –siempre y cuando las musas me sean propicias– que una pequeñísima fracción de lo aparentemente inexistente devenga un dato aprehensible por los sentidos. Sobre las pinturas que aquí se exponen cabría añadir que corresponden a diferentes épocas de mi relativamente breve carrera pictórica (poco más de 10 años), de ahí su heterogeneidad.
Claudio Rama
Mis obras son el grito de mi alma.
Desvelos de cajas en una vida siempre encajonada.
Ya tarde, y luego de una vida metida en la pelea de la inseguridad, entre la educación, el ensayo, la política, los viajes, los eternos problemas de salud, el coleccionismo de máscaras y alguna que otra digresión como vivir, trabajar y amar, he oteado el espacio íntimo del desahogue de la paz creativa en la plástica. En forma compulsiva, sumando y sumando tiempos, cajas, textos y logotipos atravesé la pandemia y encontré otro escalón. También tiempos de cirugías varias y otras angustias. Cada Caja fue un momento de refugio, un encuentro conmigo mismo, el tiempo de sentir esa bocanada de aire que llega con la creación en un mundo cada vez más ajeno, distante y con el cuchillo de la terquedad entre los dientes. Cada Caja es única, mía, tan íntima que no puedo dejarlas lejos y resisto la posibilidad de no estar en su cercanía, aunque cada vez son más y más que no me permiten fácilmente tenerlas todas juntas dentro de alguna otra caja donde las agarre, amarre y encajone todas juntas conmigo.
Pincho Casanova
Juego, símbolo, fiesta.
Hace décadas que miles de pequeños objetos, que formaron parte de algún aparato, que fueron nuevos, se fueron juntando, de a uno por vez, en mi mesa o escritorio. Con algunos de ellos, por coincidencia, jugando, se armaron en juguetes que llamé POEM (pequeños objetos electromecánicos) al dotarlos de motores recuperados de viejas lectoras de discos, y de energía sobrante en pilas desechadas. Como todos los juguetes, se vuelven viejos y se olvidan en una caja. Pero las cajas se abren y estas piezas salen a respirar y reviven por la alegría de volver a juntarse. Y así salen nuevas cosas, que no tienen ningún sentido para el autor, por más que lo busque, que el de divertirse mucho por un rato.
Las formas se tejen de a poco a partir de esa primera chispa, que inicia una búsqueda y conforma una experiencia y de toda experiencia se adquiere un conocimiento. El peso, forma, medida, dureza, textura, color, materia de cada pieza que se une a otra y crea una forma, una nueva figura, un nuevo volumen que tendrá un punto de equilibrio y nos facilitará el movimiento, si es metálico dejará pasar corriente, si es de goma la aislará. Al contar con neodimios en abundancia, se pueden sujetar piezas sin necesidad de fijarlas definitivamente con tuercas, tornillos o soldaduras. Es decir, es muy posible que se desarmen y desaparezcan. Esto no sería importante si logra captar por un instante tu atención.
¿Por qué cuatro artistas se involucran en este proyecto? Para saber más les hicimos cinco preguntas y he aquí sus respuestas.
Con una gran trayectoria profesional y actividades que te demandan tiempo y dedicación ¿qué te llevó finalmente a dedicarte a las artes visuales?
Eduardo: La necesidad visceral de realizar una actividad creativa.
Hugo: Misterio. En principio la dictadura. Paradójico, por benéfico, efecto perverso de ella. Hice mi primera escultura en 1973, un mes después de su comienzo, bajo los efectos anímicos de tan infausta situación. Mientras tanto, seguía haciendo más de un concierto sinfónico semanal, la mayoría en el Teatro Solís. De ahí en adelante fui bígamo, casado con la música y la escultura.
Claudio: El tiempo es siempre elástico a nuestros deseos y necesidades, y va ajustándose a medida que le exigimos. En mi caso no me dedico a las artes visuales a tiempo completo, sino cuando lo necesito y algo interior me lo pide. Trato de no me colocarme obligatoriamente como ante una hoja en blanco esperando la inspiración, sino que a ratos mi mente y mis manos juegan entre los conceptos, los textos, los volúmenes y los colores.
Pincho: Me dediqué a las artes visuales por una frase de F. Nietzsche: “Solo el arte nos salva de morir por la verdad”.
¿Qué te motivó a exponer tu obra en un lugar como CasaRambla en Atlántida? ¿Qué particularidades tiene esta muestra?
Eduardo: Atender a la amable invitación a participar en esta polifacética muestra.
Hugo: El motivador inmediato fue la invitación, inesperada, formulada por Claudio Rama. El motivador de fondo, el que tenemos todos quienes nos comunicamos mediante el arte: el desnudar nuestro existir en la vida, en primer lugar, ante nosotros mismos, porque nos lleva a seguir el mandato délfico de “conócete a ti mismo”. Ese conocernos a nosotros mismos, es probablemente el motivo por el que tanta gente al llegar a la sección conclusiva de la sinfonía de la vida se vuelca al arte. Con lo cual señalo la particularidad saliente que nos une a los participantes de esta muestra: la de ser unos veteranos de diversas disciplinas que, con entusiasmo hemos dedicado estos tiempos de recapitulación de lo vivido, al quehacer artístico, aunque algunos vengamos de otras vertientes del arte. Empecé la escultura a los treinta y seis años, pero volví a pintar, lo había hecho mucho de niño, a los ochenta y uno, hace solo ocho años.
Claudio: Quise organizar un espacio de hogar, descanso, encuentro con la naturaleza y refugio artístico, pero que a la vez pueda ser un ámbito colectivo donde se puedan encontrar múltiples gritos creadores tratando de expresar sus propias miradas y sensibilidades. CasaRambla como inmueble lo encontré de casualidad hace algunos años y es casi una herencia arquitectónica de los orígenes del balneario. Ponerla en valor y restaurar es una forma de valorar el pasado, pero a la vez integrarla a las distintas corrientes del arte moderno es darle espacio a algunos futuribles.
Pincho: La amistad con Claudio Rama y la fortuna de que haya compartido su proyecto conmigo. El entusiasmo de haber tenido una memorable preinauguración con nuestros trabajos y ahora extender ese entusiasmo a otros artistas.
Esta exposición no es una muestra colectiva producto de un trabajo tallerístico. ¿Cómo congeniar entonces las miradas?
Eduardo: Como mejor se pueda.
Hugo: Efectivamente, es como dices. No nos une lo que llamas un trabajo tallerístico ¿Es necesario congeniar las miradas? Creo que no. Personalmente me basta con que las obras sean buenas y fruto de una necesidad sentida de hacerlas para coexistir en paz con ellas. Claro, hay aspectos que son de sentido común, que deben respetarse a la hora del montaje de la exposición, para lograr que se vean “juntas, pero no revueltas”, como reza el sabio dicho popular venezolano. Cada persona es un mundo, cada artista es un mundo, con un poco de tacto y sentido común es posible e interesante ver sus mundos juntos, aunque sean diferentes y eventualmente con ásperos contrastes.
Claudio: Aún en un taller ya los enfoques son diversos, tanto como las personas y sus sensibilidades. No sé si existen escuelas y tendencias creativas como en otras épocas o al contrario todos estamos buscando nuestra propia voz en la multitud. Sin duda cualquier clasificación es arbitraria y se pueden encontrar puntos en común, pero la diversidad es la huella contemporánea y no la similitud. La riqueza está en la ausencia de miradas homogéneas.
Pincho: Veremos si congenian. Creo que sí, pues si lo de Claudio y lo mío congeniaron en la pre, todo es congeniable.
¿Cómo seleccionaste lo que finalmente vas a exponer? ¿Tienes más obras en tu acervo?
Eduardo: En función del espacio disponible. Sí, en efecto, tengo una serie de obras en venta.
Hugo: Claudio Rama me pidió “una mini retrospectiva”. Eso orientó desde el comienzo la selección. Escogí obras representativas de las tres vertientes conceptuales sobre las que trabajo: la matriz prenormada, el espacio topológico y lo roto. De la producción actual hay solo dos obras, pues su formato, más grande, no tiene cabida en el espacio disponible. Sí; tengo una obra relativamente extensa; las de esta exposición son una muestra de las que he ido acumulando a lo largo de los años. En el encierro autoinfligido de la pandemia produje mucho.
Claudio: Traté de exponer las piezas de mis exposiciones anteriores. No me he querido desprender de ninguna, y es la forma de ver colectivamente una línea de trabajo plástico. Sí tengo algunas más que no he querido mezclar.
Pincho: Voy seleccionando hasta el último momento. Tengo el taller, la compu y la cabeza llena de cosas. Una muestra me da la posibilidad de generar un discurso, aunque no sea más que un balbuceo. Pero lo más importante es que este espacio me da la libertad necesaria para encontrar algo de lo que se supone que estoy buscando, pero sin desesperar.
¿Qué expectativas tienes al respecto? ¿Qué te gustaría que pasara?
Eduardo: Disfrutar el placer de compartir.
Hugo: Ahora que lo dices, es algo que no me he planteado. Simplemente hago. Sin apuro, pero sin perder tiempo. Me gustaría que las terribles fuerzas en pugna en nuestro mundo alcanzasen un estado de equilibrio en el cual las personas pudiesen vivir libremente en armonía. El triunfo de la vida. Quizás la razón que me llevó a pintar.
Claudio: La incertidumbre y la curiosidad es por suerte siempre la expectativa, pero toda exposición es finalmente una comunicación en búsqueda de alguna respuesta.
Pincho: ¡Que el 19 tengamos un gran festejo!
Cuatro artistas con trayectorias profesionales reconocidas y provenientes de distintas áreas del arte, exponiendo su polifacética obra en medio de un lugar mágico, es ya un enigma en sí mismo.
¿Será que el entusiasmo anida en el compartir? Tal vez en la aventura de caminar por un infinito y volver al punto de partida. O en seguir el quiebre de una línea hasta que se vuelva movimiento. O en esfumar las perspectivas hasta que permitan un aterrizaje sereno mientras un paciente salva su vida cuando las bocas que se abren disparan silencios atronadores.
Compartir las búsquedas y hasta el desasosiego. Sin reglas y en total libertad. Para encontrar quizás lo que no se busca. Pero hacerlo. Ese es el fin.
Un rojo, un trozo, una tensión. Una luz, un arriba, una caída. ¿Metáfora de la vida?























































